Ver a los niños otra vez en la calle, poner en marcha la cafetera para los primeros clientes o sacar del horno las magdalenas de siempre volvió a ser posible este miércoles en Navalagamella y Zarzalejo, dos de los diez pueblos evacuados por el incendio forestal de la sierra madrileña

La vuelta a la normalidad llega con alivio, pero también con el recuerdo aún fresco del desalojo y de la incertidumbre sobre el estado de las viviendas, los negocios y el paisaje que rodea a estos municipios de la Comunidad de Madrid

Un regreso con susto y alivio

Chelo, propietaria del bar La Posada junto a su marido en la plaza de Zarzalejo, explica que primero acudieron el alcalde y la concejala para comunicar la evacuación. Cuando se resistieron a marcharse, fue la Guardia Civil la que advirtió de que no quedaba otra opción

Uno de sus clientes, Isidro de la Fuente, recuerda que estaba jugando la partida en el bar cuando tuvo que salir con lo imprescindible antes de reunirse con su familia en Madrid. Ahora, ambos coinciden en que la vida continúa

Alcaldes en alerta permanente

El alcalde de Zarzalejo, Rafael Herranz, reconoce que todavía se emociona al recordar la tristeza del desalojo y la alegría del retorno. Dice que estos días han sido de vigilancia constante, atención a los vecinos y pocas horas de sueño

En Navalagamella, el alcalde Andrés Samperio Montejano ordenó cerrar accesos para proteger el pueblo durante la emergencia. Antes de salir, acudió a su despacho para recoger varios libros del siglo XVI y a la iglesia para rescatar la talla de San Miguel

Describe la evacuación como un movimiento masivo y ordenado, con camiones llegando sin parar y vecinos que abandonaron sus casas sin resistencia. Subraya que muchos mayores querían volver cuanto antes a sus hogares

La herida que queda en el monte

Con el fuego ya más lejos, la preocupación se centra ahora en quienes han perdido sus casas y en el estado del campo. Los vecinos temen que la recuperación sea larga y reclaman más cuidado sobre el monte para prevenir nuevos desastres

Desde el bar, Chelo resume el sentimiento general: las viviendas se reconstruirán, pero el daño sobre la naturaleza y el entorno será más difícil de reparar