La discusión arbitral que dejó el Mundial de 2026 no giró alrededor de una mano, un penal o un fuera de juego. El foco estuvo en una cuestión más precisa: qué debe ocurrir cuando el VAR detecta que una tarjeta amarilla fue mostrada al futbolista equivocado tras una simulación del rival

Esa situación apareció en los cruces Estados Unidos-Paraguay y Argentina-Suiza. En esos partidos, Miguel Almirón y Breel Embolo terminaron sancionados en acciones que, luego de la revisión, dejaron en evidencia que el contacto había sido fingido por el adversario. Tras acudir al monitor, los árbitros corrigieron la decisión y trasladaron la amonestación al responsable de la conducta antideportiva

Una corrección para evitar una injusticia

La FIFA sostuvo después del torneo que los jueces actuaron correctamente y siguiendo las indicaciones de su Comisión de Árbitros. El argumento central fue simple: una simulación no puede generar consecuencias disciplinarias para un jugador que no cometió la infracción

Según ese criterio, permitir que un engaño derive en una segunda amarilla, una expulsión o una futura suspensión por acumulación de tarjetas sería incompatible con la justicia deportiva. Por eso, la intervención del VAR buscó rectificar un error de identidad y no modificar la acción de fondo

La aclaración de la IFAB

La Circular 34 de la IFAB introdujo luego una precisión sobre el llamado “Protocolo VAR: confusión de identidad”. Allí se establece que una tarjeta amarilla que no implique segunda amonestación solo puede revisarse para identificar al jugador correcto, pero no para alterar la infracción originalmente sancionada

Al mismo tiempo, el organismo señaló que la experiencia aplicada durante el Mundial fue bien recibida y que se incorporará al proceso de revisión integral del protocolo anunciado en la Circular 32. Sin embargo, también advirtió que esa interpretación no podrá seguir utilizándose hasta que la revisión finalice y sea aprobada formalmente

Lo que viene para el arbitraje

En los hechos, la IFAB no cuestionó lo ocurrido en el torneo. Por el contrario, dejó abierta la puerta para que ese criterio forme parte de una futura reforma reglamentaria

La definición quedará para la próxima discusión entre FIFA e IFAB, donde deberá resolverse si esta solución excepcional pasa a ser una norma estable del VAR. El debate ya no apunta a los partidos de 2026, sino al modo en que la tecnología debe ayudar a corregir errores sin dejar de proteger el principio básico del arbitraje: hacer justicia en la cancha