San Lorenzo consiguió una victoria tan ajustada como necesaria. Le ganó 1-0 a Gimnasia de Mendoza y transformó en desahogo un partido que había sido tenso, deslucido y discutido por buena parte de los hinchas
El equipo de Néstor Gorosito volvió a mostrar las limitaciones que arrastra desde su llegada. Le costó armar juego, le faltó claridad en ataque y durante varios pasajes fue reprobado desde las tribunas
Un triunfo que alivió el clima
El gol del final cambió por completo el ambiente en el Bajo Flores. Hasta ese momento, San Lorenzo había ofrecido poco: algunos intentos aislados, cierta incomodidad para progresar en campo rival y una sensación de fragilidad que también se percibe afuera de la cancha
La victoria llegó en un contexto de fuerte tensión institucional. El club carga con una deuda de 70 millones de dólares y atraviesa un escenario de conflictos que impacta en el día a día del plantel
Un plantel armado como pudo
Gorosito dispuso un equipo con varias variantes forzadas. Entre los titulares hubo cinco juveniles surgidos de las inferiores y en el banco se sentaron otros seis. Además, el entrenador recurrió a futbolistas que habían estado marginados, como Franco Lorenzón y Gonzalo Alassia
San Lorenzo solo había podido incorporar a un refuerzo para esta etapa del semestre, aunque tampoco pudo usarlo. Primero se resolvió una inhibición de FIFA por 80 mil dólares, pero luego apareció otra sanción de AFA por impuestos impagos de transferencias, que rondaría los 100 millones de pesos
Si finalmente se concreta la llegada del defensor Emiliano Amor, el panorama no cambiaría demasiado y el equipo seguiría sin poder contar con refuerzos
Gimnasia también tuvo sus chances
Gimnasia de Mendoza se sintió cómodo durante varios tramos del encuentro. Con pocas llegadas, pero con mayor orden, generó inquietud y obligó a Orlando Gill a intervenir en más de una ocasión. Incluso, Ezequiel Muñoz estuvo cerca de marcar con un cabezazo que exigió una gran respuesta del arquero paraguayo
El desarrollo dejó expuesto el mal momento de San Lorenzo, un club que todavía no encuentra estabilidad ni dentro ni fuera de la cancha. El cierre, sin embargo, dejó una imagen distinta: los jugadores festejaron frente a un público que minutos antes los había insultado
Fue un triunfo corto en el marcador y grande en el alivio. San Lorenzo necesitaba ganar para sacar aire, aunque sea por unos días, en medio de un estado de alerta que parece permanente