Un campo obligado a reinventarse

Después de perder todo el rodeo de cría durante la sequía de 2009, la familia Ostrovsky decidió cambiar de raíz el funcionamiento de su campo en Algarrobo, en el sur de Buenos Aires

La apuesta nació como una estrategia de supervivencia en una zona con lluvias anuales de entre 450 y 550 milímetros. Con el tiempo, terminó convirtiéndose en un sistema mucho más productivo

Sobre las mismas 2500 hectáreas, el establecimiento pasó de generar entre 160.000 y 200.000 kilos de carne por año a 872.000 kilos, con 5500 animales de recría y 500 vacas

El agua como punto de partida

Diego Ostrovsky explicó que el primer problema era el acceso al agua. Los animales caminaban largas distancias, castigaban el suelo y dificultaban cualquier intento de intensificar el pastoreo

Por eso, la empresa instaló una red de distribución capaz de abastecer prácticamente todo el campo. La obra no fue simple: el establecimiento está a unos 25 kilómetros de la red eléctrica y tiene cerca de 120 metros de desnivel entre sectores

El proyecto fue diseñado para atender hasta 10.000 animales en forma simultánea. Pero el cambio de infraestructura no alcanzó por sí solo

El verdadero giro estuvo en el manejo

Una vez terminada la red de agua, el equipo advirtió que seguía trabajando igual que antes. Los empleados recorrían el campo a caballo, hacían uno o dos cambios de lote por día y atendían varios rodeos a la vez

Entonces reorganizaron todo el esquema. Pasaron a manejar pocos rodeos grandes, de entre 1500 y 2500 animales, y los movimientos de parcela se incrementaron a entre ocho y doce por día según la época

Cada parcela mide unos 66 metros por 80 metros y tiene un punto de agua. Los animales permanecen allí apenas una hora o una hora y media antes de avanzar

Ese sistema genera una carga instantánea alta: comen casi todo lo disponible, distribuyen mejor la bosta y la orina, reducen el pisoteo y mejoran la fertilidad del suelo. Eso permitió bajar el uso de fertilizantes y herbicidas

Más kilos, menos desperdicio

Hoy el establecimiento mantiene alrededor de 1500 hectáreas de verdeos de avena con vicia. Los terneros entran con 180 a 200 kilos y salen con 350 a 380 kilos, con una ganancia de 160 a 170 kilos durante la recría

En un año normal, los animales engordan entre 700 y 800 gramos diarios. En los meses de mayor oferta forrajera, el stock llega a 6000 o 6500 cabezas. En verano baja a unas 1500 para acompañar la menor disponibilidad de pasto

El cambio cultural fue el más difícil

Ostrovsky aseguró que la infraestructura fue solo una parte de la transformación. El otro gran desafío estuvo en las personas

En el campo dejaron de usar caballos y pasaron a las motos. Cada trabajador administra un solo rodeo, organiza sus horarios y una parte de su remuneración depende de los kilos que producen los animales que maneja

Según relató, esa adaptación fue más compleja que instalar toda la red de agua. Algunas personas no lograron ajustarse al nuevo esquema

Incluso mencionó el caso de un hombre de 70 años que nunca había trabajado en el campo antes de jubilarse y que hoy es uno de los mejores empleados del establecimiento por su prolijidad y atención al detalle

Una lección que excede la tecnología

Después de consolidar la recría, la empresa incorporó nuevamente un rodeo de unas 500 vacas, manejadas con inseminación artificial a tiempo fijo y un servicio concentrado de 45 días

Durante la parición, los movimientos se reducen a uno por día para cuidar a los terneros

A más de una década del cambio, Ostrovsky resume la enseñanza principal del proceso en una idea: una red de agua puede ser muy rentable y generar mucha producción, pero sin modificar la forma de trabajo, el sistema no alcanza