El lazo llegó a América con los conquistadores europeos y, con el paso del tiempo, se adaptó a las necesidades de cada región. Hoy sigue siendo una pieza clave en el trabajo ganadero, desde Canadá hasta Tierra del Fuego

Materiales y confección

En la Argentina, el más tradicional es el de cuero crudo, aunque también existen versiones de nylon, cáñamo, tendones de ñandú y otras fibras sintéticas. Se fabrica a partir de tientos cortados del cuero de yeguarizos o vacunos, que luego se entreveran en forma torcida o trenzada

El cuero crudo, trabajado sin aditivos industriales y sobado a mano, ofrece la combinación necesaria de resistencia y elasticidad. Por eso sigue siendo el material más valorado para este uso

Cómo se arma y se usa

Una vez terminado, el lazo recibe una argolla de acero en un extremo y una presilla de cuero en el otro. La argolla permite formar la armada, el círculo que cae sobre la cabeza o las patas del animal; la presilla sirve para sujetarlo al recado y transportarlo durante la tarea

En otras tradiciones, el lazo se fija de maneras distintas: al pomo de la montura en los cowboys y charros, o a la cola del caballo en la cultura llanera venezolana

El caballo y el oficio

Para trabajar con seguridad, el caballo debe ser acostumbrado al movimiento del lazo y al silbido que produce al girar. Un buen caballo de lazo acompaña al jinete con firmeza y ayuda a sostener el control cuando el animal ya fue enlazado

El criollo puede enlazar de a pie o a caballo, en corral o a campo abierto. Hay distintos tiros, como el de derecha, el de revés, sobre el brazo, de atrás, por arriba del animal o a los pies

Riesgo, historia y permanencia

La maniobra exige precisión. Si el animal queda demasiado tirante, el lazo puede cortarse y producir un chicotazo peligroso para quien lo maneja. Por eso, al enlazar de a caballo, el jinete debe acompañar el recorrido del animal para evitar lesiones y mantener la tensión adecuada

Además de su función ganadera, el lazo tuvo usos militares y también sirvió como trampa en caminos. Aunque hoy existen más recursos para trabajar el ganado y menos personas dispuestas a enlazar a caballo, la herramienta sigue presente en el campo y conserva un lugar asegurado en exhibiciones y yerras tradicionales