“Yo me quiero casar. ¿Y usted?”. Con esa consigna, Roberto Galán instaló uno de los formatos más singulares de la televisión argentina. El programa debutó el 15 de noviembre de 1971 y propuso algo simple y, para la época, sorprendente: que dos personas pudieran conocerse en pantalla, elegirse y, si la historia avanzaba, llegar incluso al altar con la ayuda del propio ciclo

La idea nació de una observación cotidiana: los avisos clasificados en los que hombres y mujeres buscaban pareja con fines matrimoniales. Galán trasladó ese mundo al estudio y convirtió el encuentro entre desconocidos en un fenómeno masivo. El estreno midió alrededor de 52 puntos de rating y, más adelante, llegó a picos cercanos a los 65, una marca extraordinaria para la televisión de entonces

Un mecanismo simple que funcionó como fenómeno

La dinámica era directa. Los participantes conversaban en el estudio, respondían preguntas del conductor y luego dejaban asentada su elección en una tarjeta. Si había coincidencia, llegaba la frase que quedó en la memoria popular: “Se ha formado una pareja”. Después venía el “living del amor” y, en algunos casos, la preparación de un casamiento completo organizado por el programa

Vestido, traje, alianzas, fiesta, luna de miel y ceremonia televisada formaban parte de ese recorrido. Más que un juego, era una puerta para quienes buscaban formalizar una relación o no tenían recursos para costear una boda. Galán se detenía en las historias personales, preguntaba por el trabajo, la familia, los proyectos y también por las dificultades de cada uno

Esa cercanía explicaba parte del éxito: los participantes no parecían figuras lejanas, sino personas comunes. El programa anticipó recursos que después serían habituales en los realities sentimentales, aunque con una diferencia central: no había eliminación ni competencia, sino la búsqueda real de una pareja

La boda que quedó grabada en la memoria

Entre todos los matrimonios organizados por el ciclo, uno se volvió emblemático: el de Héctor Ramón Sotelo y Teresita María Fauret. Ambos se conocieron gracias al programa y se casaron el 16 de junio de 1972 en la iglesia Nuestra Señora de Pompeya, en una ceremonia televisada que reunió a una multitud y alcanzó cerca de 65 puntos de rating

Los padrinos fueron Ramona Galarza y Roberto Rimoldi Fraga. Con el tiempo, esa boda quedó asociada también a una discusión sobre la forma en que fue tratada por parte de la prensa de la época, que resaltó la condición física de los protagonistas con un enfoque que hoy resulta inaceptable. Visto en perspectiva, sin embargo, el casamiento fue presentado como un hecho solemne y no como una burla

Los novios eran correntinos, su historia recorrió todo el país y el vínculo terminó disolviéndose con los años. Teresita murió en 2013, a los 68 años. Héctor cumplió 80 y continúa trabajando en su puesto de diarios

Un legado de historias anónimas

El programa siguió al aire, con distintas etapas y canales, hasta 1998. Su marca quedó en la combinación de entretenimiento, emoción y servicio social: hacía visible a personas que buscaban formar una familia y transformaba esas búsquedas en acontecimientos nacionales

Por eso, cada vez que se recuerda aquel ciclo, vuelve la misma idea: la televisión no solo mostraba historias de amor. A veces, también las hacía posibles