Edward Norton llegó a Hulk en el momento en que todo parecía encaminarse hacia un salto decisivo. El estudio lo convocó para ponerse en la piel de Bruce Banner en una etapa en la que la franquicia todavía buscaba consolidarse, pero la experiencia terminó mal: la película no respondió a las expectativas y su nombre quedó afuera del universo que ayudaría a definir el auge de los superhéroes en el cine
Un conflicto que cambió su recorrido
El problema no se limitó al resultado comercial. Norton había sido incorporado con margen para intervenir en el guion, algo que lo llevó a empujar una versión más introspectiva del personaje, mientras la producción buscaba un enfoque más orientado a la acción. Ese desacuerdo atravesó el rodaje y dejó un vínculo deteriorado con el estudio y con la dirección del proyecto
Tiempo después, la decisión fue contundente: no seguiría en la saga. Su lugar pasó a manos de Mark Ruffalo, que terminó consolidándose como el nuevo Hulk dentro de la franquicia. Norton, por su parte, explicó más adelante que su idea era desarrollar una historia más amplia y con mayor profundidad dramática, pero que ese camino no coincidía con lo que finalmente se buscaba
Una carrera que no se apagó
Lejos de quedar definido por ese episodio, Norton sostuvo una filmografía que lo mantuvo entre los nombres más respetados de su generación. Desde La raíz del miedo y Historia americana X hasta El club de la pelea, su recorrido dejó interpretaciones que siguen siendo referencia. También sumó trabajos destacados en Birdman, Asteroid City y Un completo desconocido, donde volvió a captar la atención de la Academia
A los 57 años, además, atraviesa un presente activo y bien recibido. Está casado desde hace 14 años con la productora Shauna Robertson, con quien tuvo dos hijos, y volvió a escena con La invitación, una comedia dirigida y protagonizada por Olivia Wilde junto a Penélope Cruz y Seth Rogen
Un regreso con impulso propio
La película lo muestra como Hawk, uno de los vecinos de una pareja que comparte una cena y termina enfrentada a secretos y fantasías íntimas. Norton definió esa experiencia como una de las más gratificantes de su carrera y la puso al nivel de proyectos donde sintió una energía creativa intensa, aunque inestable
El resultado acompañó: la comedia fue bien recibida y reforzó la idea de que Norton sigue vigente, no como la figura que alguna vez quedó al margen de una gran franquicia, sino como un actor capaz de volver a ocupar el centro de la conversación con oficio, presencia y una trayectoria que no depende de un solo papel