Emily Watson sorprendió al público durante su discurso en el Festival de Cine de Sarajevo, donde recibió el premio honorífico Corazón de Sarajevo. Allí repasó parte de su infancia y contó que creció “en una especie de secta religiosa muy estricta”

La actriz explicó que recién tomó verdadera dimensión de lo vivido cuando, en 1996, interpretó en Contra viento y marea a una joven atravesada por una experiencia similar. “Algunas partes fueron muy felices y otras muy extrañas”, dijo al recordar su paso por la Escuela de Filosofía y Ciencias Económicas de Londres

Un camino marcado por la fe y la ruptura

Watson señaló que de joven era “muy devota” y que esa fe influyó durante un tiempo en su búsqueda personal y profesional. También recordó que, en aquel momento, hubo resistencia dentro de la comunidad cuando avisó que haría la película de Lars von Trier

Según relató, esa decisión fue decisiva. Dijo que la actuación fue lo que la “salvó” y que primero llegó a través del teatro, para después encontrar en el cine una forma de entender mejor su propia historia

La libertad después del desgarro

La intérprete describió el proceso como un momento de ruptura, pero también de liberación. Contó que dejó atrás a sus amigos y el lugar donde se había criado, algo que le produjo tristeza, aunque al mismo tiempo sintió una libertad nueva e intensa

También recordó que sus padres, que no abandonaron la organización, estuvieron presentes cuando la película se presentó en Cannes en 1996. Dijo que fue una situación compleja, aunque con el tiempo lograron hablarlo y recomponer el vínculo

Con los años, Watson aseguró que se fue sintiendo más cómoda al hablar de su pasado y que eso también tuvo que ver con una mayor comprensión social sobre los daños de la infancia. “Me llevó toda una vida desentrañarlo”, resumió