Graciela Sultanik, nacida en 1948, murió el domingo en Buenos Aires a los 78 años y esta mañana fue despedida por familiares, colegas, alumnos y amigos en Chacarita. En el ámbito de la danza la recuerdan como una intérprete refinada, una maestra generosa y una mujer muy querida

Una carrera forjada en escenarios clave

Se formó en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón con maestros como Michel Borowski, Renate Schottelius y Tamara Grigorieva. Luego ingresó por concurso, a mediados de los años 60, al cuerpo de baile del Teatro Argentino de La Plata, donde recorrió todos los niveles hasta llegar a primera bailarina

Esa etapa fue, para ella, una base decisiva: allí consolidó un conocimiento amplio del repertorio académico. Después del incendio de 1977, pasó al Ballet Estable del Teatro Colón, donde bailó hasta su retiro en 1989

La docente que dejó huella

Antes de dejar el escenario ya había comenzado a enseñar técnica y repertorio. En el aula se convirtió en una formadora de varias generaciones, con una vocación que numerosos bailarines reconocieron como excepcional

Entre quienes pasaron por sus clases estuvo Marianela Núñez, a quien preparó para su ingreso al Royal Ballet. La bailarina destacó su discreción, su entrega absoluta y la intensidad con la que vivía la danza

Analía Domizzi también la evocó como una artista atenta al detalle y a la belleza, y como una maestra de referencia. La recordó en roles como La Magda, en La Sylphide, y como una de las secretarias de Giselle

En un mensaje enviado en abril, Sultanik le dejó a Domizzi una especie de posta generacional: le dijo que confiaba en que sería una buena mensajera y una gran maestra, y le aconsejó dejarse guiar primero por la intuición y después por el método, la forma o el estilo

Con ese legado artístico y humano, coreógrafos, bailarines y público la despiden con gratitud