“Le deseo lo mejor a Jodie Foster”. Con esa frase, John Hinckley Jr. volvió a referirse a la actriz que, según él mismo sostuvo durante años, fue el centro de la obsesión que lo llevó a disparar contra Ronald Reagan en 1981

Hoy tiene 71 años y habló por videollamada en una entrevista reciente. Su tono fue sereno, pero sus dichos reactivaron una historia marcada por la violencia, la enfermedad mental y las consecuencias que aún pesan sobre los nombres de Hinckley y Foster

La obsesión que terminó en disparos

El 30 de marzo de 1981, apenas 69 días después de que Reagan asumiera la presidencia, Hinckley abrió fuego frente al hotel Washington Hilton. El mandatario recibió un impacto que le provocó una costilla rota, un pulmón perforado y una hemorragia interna grave

Otros tres hombres resultaron heridos, entre ellos James Brady, entonces secretario de prensa de la Casa Blanca. Brady quedó con una discapacidad permanente y murió en 2014 a causa de las secuelas del ataque

Hinckley fue juzgado y declarado inocente por razón de enfermedad mental. Pasó décadas internado en un hospital psiquiátrico, fue dado de alta en 2016 y en 2022 quedó libre de las restricciones judiciales que habían regido su vida durante más de 40 años

Durante el proceso judicial se estableció que el atentado estaba ligado a su obsesión con Foster. Hinckley había visto a la actriz en Taxi Driver, cuando ella tenía 12 años, y con el tiempo desarrolló una fijación delirante. En la entrevista, incluso dijo que imaginaba casarse con ella y pasar el resto de su vida a su lado

También admitió que llegó a pensar que, después del ataque, ella se uniría a él. “No estaba seguro de si iba a estar en la cárcel, en el hospital o dónde”, recordó, antes de insistir en que creía que la actriz terminaría junto a él cuando todo se calmara

Reagan como blanco y no ella

Consultado sobre si Foster pudo haber sido un objetivo directo, Hinckley respondió que sí. Añadió que, en su relato, el destino hizo que el blanco fuera Reagan y no la actriz

La escena volvió a poner en primer plano una historia que durante años se leyó sobre todo como un caso político y judicial, pero que también tuvo una dimensión personal y perturbadora: la de un hombre convencido de que un acto extremo podía llamar la atención de una joven que apenas conocía

Hinckley retomó ese período de su vida en una autobiografía publicada en 2025, donde reconstruyó su estado mental y la trama delirante que rodeó el atentado

El impacto que siguió en Foster

Para Foster, aquella historia tampoco quedó atrás. La actriz, que estudiaba en Yale cuando ocurrió el atentado, evitó hablar del tema durante años, pero en 2024 reconoció que el episodio todavía influye en sus decisiones profesionales

Recordó una obra de teatro universitaria en la que participó poco antes del ataque y explicó que ese momento estuvo atravesado por un trauma profundo. También sugirió que probablemente no vuelva a hacer teatro a raíz de lo ocurrido

Más de 40 años después, el nombre de Hinckley sigue ligado a uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de Estados Unidos y a una herida que todavía no terminó de cerrarse para la actriz.