El debut de Pacifica Quartet en el Teatro Colón dejó una impresión contundente. En el ciclo del Mozarteum Argentino, el conjunto estadounidense abordó un programa de alto voltaje musical y sostuvo una interpretación de notable claridad, equilibrio y rigor expresivo
La propuesta reunió el Cuarteto para cuerdas n° 2 en la menor, opus 13, de Felix Mendelssohn; el Cuarteto para cuerdas n° 1, “Métamorphoses nocturnes”, de György Ligeti; y el Cuarteto para cuerdas n° 13 en si bemol mayor, opus 130, junto con la Gran fuga opus 133, de Ludwig van Beethoven
Una conversación afinada en Mendelssohn
En la obra de Mendelssohn, la búsqueda de unidad interna se escuchó con una naturalidad casi conversada. La lectura de Pacifica Quartet convirtió esa arquitectura estricta en un discurso fluido, con un fraseo atento y una solidez que nunca sacrificó la respiración musical
La formación integrada por Simin Ganatra y Austin Hartman en violines, Mark Hollow en viola y Brandon Vamos en cello mostró recursos técnicos sobresalientes, pero sobre todo una comprensión compartida de la obra como organismo vivo
Ligeti con máxima sutileza
El cuarteto de Ligeti, escrito entre 1953 y 1954 y estrenado algunos años después, llevó esa idea de transformación a un terreno más móvil y cambiante. Pacifica Quartet respondió con delicadeza extrema en las dinámicas y una fineza rítmica que permitió seguir cada mutación del material sonoro
La interpretación sostuvo el carácter inestable de la pieza sin perder definición, y dejó en claro una virtud central del grupo: la capacidad de volver legible una escritura compleja sin volverla rígida
Beethoven, al borde del abismo
En Beethoven, el desafío fue mayor. El opus 130 y la Gran fuga concentran tensiones entre formas, registros y climas que exigen un control absoluto del conjunto. Pacifica Quartet asumió esas contradicciones sin suavizarlas, y el resultado fue una versión de gran potencia, incisiva y ejemplar por su claridad interna
Hubo especial atención en pasajes como el canon a dos voces del segundo movimiento, resuelto con un afilado y firme. Nada quedó librado al azar
Un cierre a pura emoción
Como bis, el grupo ofreció el Lento del Cuarteto “Americano”, de Antonin Dvorák. Fue un cierre sobrio y emotivo para una actuación que confirmó al Pacifica Quartet como una de las formaciones más sólidas de la escena actual