En la noche de Reyes de 1994, un encuentro casual en un pub de Punta del Este cambió la vida de Pata Villanueva y David Lebón. La modelo y vedette, por entonces una figura muy instalada en el ambiente local, inició con el guitarrista de rock nacional una relación que sorprendió por completo al mundo del espectáculo

Una familia ensamblada en Recoleta

La pareja buscó construir un proyecto común con sus nueve hijos: tres de Villanueva, nacidos de vínculos previos con Héctor Cavallero y Alberto César “El Conejo” Tarantini, y seis del músico. Para eso alquilaron un piso de 350 metros cuadrados frente al Hotel Alvear, en Recoleta, donde intentaron darle forma a una convivencia estable

Sin embargo, la relación estuvo atravesada desde el inicio por una dinámica intensa, con rupturas y reconciliaciones frecuentes. El ritmo de vida de ambos y la presión del entorno terminaron por volver inestable una historia que, aun así, se sostuvo durante un tiempo en medio de una fuerte conexión afectiva

Amor, trabajo y desacuerdos

Lebón explicó en aquel momento que los problemas aparecieron cuando la pareja atravesaba uno de sus mejores períodos y, en lugar de refugiarse en esa etapa, comenzaron a preocuparse por la prensa y por sus hijos. Villanueva, en tanto, señaló que a él le costaba aceptar su trabajo y que ella no podía abandonar sus compromisos profesionales

Pese a las diferencias, el vínculo se recomponía después de cada distancia. Hubo incluso un viaje de Villanueva a Miami para verlo, en una muestra de que la relación seguía viva a pesar de los altibajos y de las llamadas telefónicas constantes entre ambos

La intimidad detrás de dos figuras públicas

Más allá de su exposición, los dos admitían compartir cierta timidez. Lebón recordó con humor los primeros días del noviazgo y relató escenas domésticas desprolijas, como una caída en el baño y un intento fallido de encender una estufa, mientras Villanueva se cambiaba de ropa sin decidirse por nada

Con el tiempo, las exigencias laborales y el deseo de la modelo de llevar una vida más tranquila fueron desgastando el lazo. Después, Lebón se instaló en Mendoza y Villanueva mantuvo durante años una relación con el empresario Martín Bernt

Hoy, aquel romance quedó como una postal singular de los años noventa: una vedette y un rockero que intentaron armar una familia numerosa y convivir entre la intensidad sentimental, el trabajo y las expectativas del entorno