A 230 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, el Ecoparque de San Nicolás de los Arroyos incorporó una pieza monumental que ya cambió la fisonomía de la costa: el Yaguarón, una estructura de 90 metros de largo y siete de alto en su punto más elevado
La obra forma parte de la recuperación de la ribera y toma como punto de partida una leyenda guaraní compartida por Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay. En San Nicolás, la figura se conoce como una quimera con cuerpo de reptil y cabeza de perro que sale del arroyo del mismo nombre para devorar personas y robar sus pulmones
Un símbolo que ganó lugar en la ciudad
La escala del Yaguarón lo volvió rápidamente visible y, con el tiempo, lo convirtió en un nuevo emblema local. Su volumen permite una experiencia de doble lectura: desde lejos funciona como una gran figura de impacto, y de cerca revela texturas, reflejos, sombras y distintos niveles de recorrido
El programa lúdico incluye trepadoras, escaleras, toboganes, hamacas, redes, sogas, juegos de equilibrio, plataformas colgantes, bloques para escalar y otros espacios de juego pensados para distintas edades. Parte de la cola se hunde en la laguna, mientras que el tramo final desemboca en la cabeza, donde está el tobogán principal
Más juegos alrededor del monstruo
El éxito de la propuesta impulsó una ampliación del parque con nuevos juegos bajo el nombre de “bichos”. En esa serie quedaron afuera varias ideas iniciales, como mariposas, avispas, ranas, culebras, una tortuga, un nido de pájaro y una cueva de murciélagos
Finalmente, permanecieron la comadreja con sus crías, el cangrejo de río, los caracoles, la lechuza, la araña y el milpiés. La intención fue acompañar al Yaguarón sin competir con su protagonismo
Diseño, escala y material local
Ramiro Gallardo, junto a Valentín Cristiani y Max Zolkwer, está al frente del proyecto Ludlum en la zona. Según explica, el proceso arranca con croquis a mano, sigue con la búsqueda de síntesis y termina en una escala que permita que cada forma sea funcional y jugable
El equipo, integrado sobre todo por arquitectos y diseñadores industriales, trabaja con una combinación de libertad proyectual y precisión técnica. El desafío, dice Gallardo, es resolver formas orgánicas sin perder su carácter simbólico ni su capacidad para convertirse en un juego divertido
Otro rasgo central es la materialidad. Tanto el Yaguarón como los nuevos bichos están hechos en un 80% o 90% de metal, un recurso ligado a la identidad productiva de San Nicolás. La obra también se apoya en proveedores y constructores locales, reforzando el vínculo entre paisaje, industria y espacio público