Veronika Sentsov-Velch, directora de Amnistía Internacional Ucrania, sostuvo que hay latinoamericanos entre las personas capturadas tras haber combatido del lado ruso, y afirmó que varios de ellos podrían ser víctimas de trata o engaños laborales. Según explicó, el fenómeno no se limita a Europa del Este: también involucra a ciudadanos de África y Asia que terminaron en el frente sin comprender del todo en qué se estaban metiendo

Reclutamiento por engaño y pobreza

La dirigente señaló que Rusia recurre a contratos para trabajos civiles que terminan derivando en el campo de batalla. En ese esquema, dijo, algunos firman para tareas como cocina o construcción y acaban frente a una guerra en la que las opciones son morir o ser capturados. Afirmó además que, en los casos revisados, no vio pruebas de pagos cumplidos ni de promesas como la entrega de pasaportes rusos

Para Sentsov-Velch, el cambio en el de quienes se suman a las fuerzas rusas también es significativo. Mientras al inicio de la invasión a gran escala predominaban motivaciones ideológicas, ahora pesan más la precariedad económica, la falta de información y la desesperación por sostener a una familia

Una guerra que se vive a diario

La directora describió la vida en Ucrania como una rutina atravesada por alertas, refugios improvisados y ataques repetidos. Mencionó los bombardeos contra edificios civiles, los llamados “ataques dobles” contra rescatistas y el uso de drones para disparar contra personas en espacios públicos, una práctica que comparó con cacerías humanas

También advirtió que los equipos de emergencia y reconstrucción están exhaustos, al punto de que en algunas zonas ya no hay personal disponible para responder a un incendio o una emergencia después de otra noche de ataques. “La guerra no es un titular”, resumió

Sin amnistía para los crímenes de guerra

Sentsov-Velch rechazó de plano que una eventual salida negociada a la guerra incluya una amnistía para quienes cometieron crímenes de guerra. Argumentó que dejar impunes a los responsables enviaría una señal peligrosa a otros gobiernos y dejaría sin respuesta los abusos cometidos contra civiles

También sostuvo que esos delitos no prescriben y que la rendición de cuentas puede reabrirse en cualquier momento. En su visión, la justicia internacional avanza más lento de lo deseable, pero sigue siendo imprescindible para evitar que la guerra quede enterrada bajo un cierre político

Documentar sin poner más vidas en riesgo

La funcionaria explicó que uno de los mayores obstáculos para investigar lo ocurrido en los territorios ocupados es el acceso a las víctimas. Dijo que hablar con testigos dentro de Rusia o en áreas controladas por Moscú puede exponerlos a cárcel o represalias, por lo que cada contacto exige máxima cautela

Entre los abusos documentados mencionó la rusificación forzada, el adoctrinamiento de niños ucranianos, la persecución de docentes y la apropiación de propiedades. Según relató, hay familias que incluso encuentran sus casas puestas a la venta en internet con fotos propias en el interior

Niños deportados y riesgo autoritario

La directora valoró la participación de Argentina en la coalición internacional que busca el regreso de niños ucranianos deportados. Afirmó que ya se lograron repatriaciones, pero que la cifra total supera ampliamente el millar y podría ser todavía mayor

Advirtió, además, que la guerra no puede convertirse en excusa para degradar la democracia ucraniana. Dijo que una de las lecciones más importantes es que, en contextos bélicos, también hay que vigilar posibles desvíos autoritarios, la corrupción y los límites a la libertad de expresión

Esperar justicia sin perder el futuro

Sentsov-Velch dijo que mantiene la esperanza en la rendición de cuentas porque la historia muestra que la justicia termina llegando, aunque no siempre en el plazo deseado. En ese horizonte, imaginó tribunales, responsabilidad penal y una salida que no se base en venganza, sino en una paz duradera

“Lo que quiero es una vida sostenible para mis hijos”, resumió, al cerrar una entrevista atravesada por la guerra, la memoria y la exigencia de que los crímenes no queden sin respuesta