Hace poco más de veinte años, Camisea cambió de forma decisiva la matriz energética del Perú. Su puesta en marcha permitió reemplazar combustibles más costosos, bajar gastos para hogares y empresas, mejorar la competitividad y reforzar las cuentas externas y fiscales del país

Entre 2004 y 2025, el impacto directo, indirecto e inducido del proyecto llegó a unos S/ 198 mil millones, equivalente en promedio a cerca del 2% del PBI peruano. A ello se suman ahorros estimados en S/ 511 mil millones para consumidores eléctricos, industrias, comercios, transportistas y familias

Un soporte para la economía y la energía

El efecto también se refleja en la seguridad energética. En 2025, el gas de Camisea representó 35% de la generación eléctrica del Sistema Eléctrico Interconectado Nacional. Además, la sustitución de importaciones de combustibles y las exportaciones asociadas al proyecto aportaron en promedio cerca de US$ 3.5 mil millones anuales a la balanza comercial

En un país que todavía depende en parte de combustibles importados, contar con un recurso competitivo de origen local sigue siendo una ventaja estratégica

Más de S/ 70 mil millones al fisco

Camisea también dejó una huella relevante en las finanzas públicas. Desde su inicio, su aporte por regalías e impuesto a la renta superó los S/ 70 mil millones

Por medio del Canon Gasífero y del Fondo de Desarrollo Socioeconómico de Camisea (FOCAM), se transfirieron S/ 42.3 mil millones a gobiernos regionales y locales. En 2025, Cusco, La Convención y Megantoni registraron niveles de ejecución superiores al 87%

La deuda pendiente: convertir recursos en desarrollo

El debate ya no debería centrarse solo en cuánto dinero ingresa o cuánto se ejecuta. El desafío es lograr que esos recursos se traduzcan en servicios públicos de mejor calidad, infraestructura productiva y capacidades que permanezcan más allá de la explotación del recurso

También hace falta acelerar la masificación del gas natural. Aunque el acceso ha avanzado, persisten brechas entre regiones y entre distintos tipos de consumidores. Sin nuevas reservas, además, cualquier estrategia de expansión y seguridad de suministro encuentra límites claros

A eso se suma la necesidad de más infraestructura de transporte, distribución y respaldo. Tener el gas en el subsuelo no basta si no existen los medios para llevarlo donde se necesita

Reglas claras para atraer inversión

Los proyectos energéticos exigen capital elevado, plazos largos y decisiones que se toman con años de anticipación. Por eso, la predictibilidad regulatoria es clave. No implica relajar estándares técnicos, sociales o ambientales, sino aplicarlos con claridad, consistencia y eficiencia administrativa

La incertidumbre regulatoria también tiene costos, aunque no siempre aparezcan de inmediato en las cuentas públicas

La próxima etapa

El país tiene recursos, infraestructura, experiencia empresarial y una demanda que puede seguir creciendo. La tarea ahora es construir políticas públicas de largo plazo que fortalezcan la seguridad energética, eleven la competitividad y acerquen los beneficios del gas natural a más peruanos

Camisea ya marcó una transformación histórica. El reto es que su aporte sirva también para sostener la etapa que viene