“Con todo lo que me ha pasado en la vida, entendí el para qué”, resume Christian Sancho en una charla íntima en la que repasa su recorrido personal, afectivo y familiar. A los 51 años, dice vivir una etapa de mayor conciencia, en la que dejó de medir la felicidad por lo material y empezó a valorar el tiempo, los vínculos y las pequeñas cosas

Con más de tres décadas de trabajo como modelo y actor, Sancho asegura que hoy elige con más claridad qué hacer, con quién compartir su tiempo y qué priorizar. En ese camino aparece con fuerza su relación con Celeste Muriega, con quien se casó en diciembre de 2023 y comparte una etapa que define como plena

Una crisis que lo obligó a empezar de nuevo

El quiebre llegó con su separación en 2019. Después de ese cambio, atravesó una etapa de soledad, angustia e incertidumbre en la que sintió que debía reconstruirse. Dice que volvió a terapias, se apoyó en la lectura y buscó herramientas para entender qué le estaba pasando

Ese proceso, cuenta, lo ayudó a dejar de perseguir metas vacías y a enfocarse en lo que realmente quería. Incluso recuerda que, en medio de esa desorientación, se descubrió dispuesto a dejar atrás todo lo material con tal de volver a enamorarse y sentirse bien

El deseo como punto de giro

Sancho sostiene que el cambio empezó cuando pudo desear con claridad una nueva vida. Habla de tres años de soledad, entre 2019 y 2022, en los que aprendió a habitar sus tiempos, a disfrutar de su hijo, de sus amigos y de su rutina sin apuro

También reconoce que la llegada de Celeste marcó un antes y un después. El 22 de enero de 2022, fecha en la que se conocieron, quedó grabada como el inicio de un nuevo capítulo. Desde entonces, afirma, encontró una compañera con la que se ríe, comparte proyectos y construye un vínculo atravesado por el afecto y la complicidad

La enseñanza de Juan Sancho

Una parte central de su historia está marcada por Juan Sancho, el hombre que lo crió y a quien considera su verdadero padre. Recuerda que fue una presencia decisiva desde su infancia y que le enseñó a mirar la vida con gratitud y prosperidad

Sancho habla de ese vínculo con emoción. Sostiene que un padre es lo que hace, no lo que dice, y cuenta que su crianza estuvo guiada por amor, tiempo y acompañamiento. También recuerda el momento de su muerte como uno de los más difíciles de su vida, aunque asegura sentirlo cerca cada vez que ve un atardecer

La búsqueda del padre biológico

A los 43 años decidió buscar a su padre biológico. No lo hizo por falta de amor, aclara, sino por necesidad de respuestas sobre su historia. Quería entender por qué había sido abandonado y qué lugar ocupaba esa ausencia en su identidad

El encuentro, cuenta, le dio paz. Le permitió valorar aún más al padre que lo crió y cerrar una pregunta que había acompañado buena parte de su vida. No encontró resentimiento, sino gratitud. Con el tiempo, dice, dejó de buscar el porqué de lo que vivió y entendió el para qué

La versión que eligió ser

Hoy, Sancho se define en una etapa de plenitud. Dice que aprendió a disfrutar con poco, a elegir mejor y a vivir con más calma. Si pudiera hablar con el hombre que en 2019 atravesaba su peor momento, le diría que se quedara tranquilo: la felicidad, asegura, finalmente llegó