Los gatos suelen disimular el dolor con mucha eficacia, por lo que sus dueños necesitan prestar atención a cambios sutiles en su conducta y en su postura dentro de casa
Una de las herramientas más conocidas para identificar malestar en felinos es la Feline Grimace Scale, una escala basada en cinco rasgos faciales que ayuda a estimar la intensidad del dolor
Las señales que conviene observar
La primera pista está en las orejas. Cuando el gato está tranquilo, suelen permanecer erguidas y orientadas hacia delante. Si algo no anda bien, esa posición cambia
También hay que mirar los ojos, porque pueden entrecerrarse y dar una señal clara de incomodidad
El hocico es otro indicador: cuando el animal está tenso, puede verse más redondeado y contraído, en lugar de mantener una expresión relajada
Los bigotes también aportan información. En un gato sin dolor, tienden a ubicarse de forma curva o hacia los costados; cuando están rectos y proyectados hacia delante, pueden asociarse con malestar
La quinta señal aparece en la postura general. Si el dolor es fuerte, el felino puede ir bajando la cabeza de forma progresiva y mostrar cada vez menos energía
Ante cualquiera de estos cambios, especialmente si se repiten o se suman a una baja notable de actividad, lo recomendable es consultar a un veterinario