Una mala calificación, una sanción o una exigencia académica pueden dejar de ser asuntos internos del aula y convertirse en reclamos dirigidos a la dirección, discusiones con los docentes o publicaciones en redes sociales

El psicólogo e investigador Roberto Lerner sostiene que esta dinámica está modificando el equilibrio de poder dentro de las instituciones educativas. Según su análisis, las familias tienen cada vez mayor influencia en la gestión de los colegios y, cuando la educación se percibe principalmente como un servicio pagado, el estudiante corre el riesgo de ser tratado como un cliente

La educación entendida como una inversión

Para Lerner, el pago de una pensión puede elevar las expectativas de los padres frente al colegio. La idea de que existe una inversión económica también puede alimentar la exigencia de recibir resultados acordes con lo esperado

En ese contexto, decisiones propias de la experiencia escolar, como una nota baja, una sanción o una exigencia del profesor, son cuestionadas con mayor frecuencia. El especialista observa allí un desplazamiento del alumno: deja de ocupar únicamente el lugar de estudiante y pasa a ser considerado un cliente

Menos tolerancia a la frustración

La sobreprotección y el uso de las redes sociales intensifican el problema. Un reclamo familiar puede superar rápidamente los canales internos y ejercer presión sobre profesores y directivos, especialmente en instituciones cuya sostenibilidad depende de las familias

De acuerdo con Lerner, cuando se intenta eliminar todo aquello que incomoda al estudiante, también se reducen las oportunidades para que aprenda a negociar, esperar, planificar y enfrentar situaciones que no se ajustan a sus deseos

El psicólogo advierte que los alumnos necesitan comprender que no todas las circunstancias pueden modificarse para satisfacer sus expectativas. La frustración, la espera, los matices y la aceptación de límites también forman parte del aprendizaje

El conflicto detrás de una mala calificación

Lerner compara la reacción de algunas familias ante una libreta con bajas notas con lo que ocurría años atrás. Antes, explica, el reclamo solía dirigirse al estudiante por no cumplir con el esfuerzo económico de sus padres. Ahora, en ciertos casos, la crítica se dirige al profesor y cuestiona su desempeño pese al pago de la pensión

Para el especialista, este cambio refleja una alteración más amplia en las relaciones de poder dentro de la comunidad educativa. La participación de los padres no debería desaparecer, pero tampoco anular la capacidad del colegio para establecer límites y sostener sus decisiones

Direcciones responsables y docentes respaldados

Ante los reclamos, Lerner plantea que los colegios deben respaldar a sus profesores sin asumir automáticamente que tienen la razón. La solución, señala, pasa por establecer procedimientos claros y encargar a la dirección la revisión y respuesta de cada caso

Los docentes no deberían quedar expuestos individualmente frente a mensajes enviados por redes sociales o fuera del horario escolar. La dirección tendría que analizar la situación con el profesor, elaborar una conclusión y sostenerla institucionalmente cuando corresponda

El papel de las familias en la comunidad educativa

La discusión también incluye el impacto de la tecnología y la inteligencia artificial. Lerner no propone rechazarlas, sino examinar cómo influyen en los vínculos y en las formas de aprender

El desafío, sostiene, consiste en definir el papel de cada integrante de la comunidad educativa. Los padres deben participar como copartícipes de la formación y no únicamente como auditores

Fortalecer el sentido de pertenencia entre familias, estudiantes y profesores puede ayudar a reducir la rotación docente y evitar que una discrepancia sobre una decisión escolar termine rompiendo la relación entre la institución y el hogar