LA HABANA.- Alexey Ríos García no despertó este lunes en su cama, sino sobre el duro concreto del Malecón, con la brisa del mar como único alivio frente al calor asfixiante de la capital cubana
El obrero de 30 años fue uno de los tantos habaneros que se tendieron en la franja costera para intentar pasar la noche durante un nuevo apagón general, en una isla donde los cortes de luz se repiten con frecuencia y dejan cada vez menos margen para sobrellevar la rutina
Una noche más sin electricidad
El apagón del domingo por la noche fue el sexto corte total en toda la isla desde que, en enero, el gobierno de Estados Unidos dejó prácticamente sin suministro de petróleo a Cuba, su principal fuente de energía. Aunque las autoridades dijeron el lunes que trabajaban para restablecer el servicio, buena parte del país seguía sin electricidad
Ríos García resumió el clima de desánimo con una certeza amarga: cada vez que parece que la red no volverá a caer, todo se derrumba otra vez, y toca regresar al Malecón para dormir
La combinación de apagones repetidos y temperaturas agobiantes ha provocado noches en vela para miles de residentes. Algunos se acomodan en el paseo marítimo; otros buscan aire en balcones y portales
Calor extremo y vida paralizada
El domingo, el termómetro llegó a 34 grados Celsius, pero la sensación térmica alcanzó los 106 grados Fahrenheit por la humedad del 80% típica del Caribe
La situación agrava una crisis que ya venía deteriorando la vida diaria en la isla. Desde marzo, las autoridades energéticas informaron dos colapsos nacionales de la red en ese mes y tres más en julio, además de varios cortes parciales. Los apagones rotativos ya superan las 20 horas diarias en algunas zonas
Con electricidad limitada, conseguir gas y productos básicos se convirtió en una tarea de todo el día. También crece la preocupación por la comida guardada en los refrigeradores, especialmente los alimentos congelados que pueden echarse a perder
Más escasez, menos salida
El turismo, que antes dejaba ingresos importantes, se desplomó. Con poco combustible, el transporte público en La Habana prácticamente quedó paralizado. Los hospitales también sufren y han intentado instalar paneles solares para mantener encendidas algunas áreas
Tras décadas de sanciones y escasez, los cubanos han mostrado una resistencia habitual frente a las dificultades. Pero en los últimos meses se instaló un ánimo de desesperanza entre quienes siguen en la isla, atravesada además por el deterioro de su infraestructura y el aumento de la migración
Entre quienes pasaron la noche en el Malecón estuvo Elaine Delis Ramos, una profesora de educación física de 30 años, que se acurrucó junto a sus seres queridos sobre una manta gruesa para buscar algo de fresco. “Cada vez que empezamos a creer que la red no se va a volver a caer, vuelve a caer”, dijo. “No tenemos ninguna solución”