LONDRES. La muerte de Jason Arday, de 41 años, hallado sin vida el viernes en su departamento del sur de Londres, desató una nueva controversia en el Reino Unido sobre el rigor académico, el racismo y el papel de la prensa en casos de alta exposición pública

Durante semanas, la figura del profesor había quedado bajo una fuerte lupa tras publicaciones que ponían en duda partes de su trayectoria y lo señalaban por presunto plagio. La discusión derivó rápidamente en una disputa sobre quién cargó con mayor responsabilidad: las universidades que lo promovieron o los medios que siguieron el caso con intensidad

Críticas a las universidades y a la búsqueda de un símbolo

Arday fue contratado por Cambridge en febrero de 2023 como profesor de sociología de la educación, cuando tenía 37 años. La universidad lo presentó entonces como el profesor negro más joven de su historia y como un académico comprometido con ampliar la representación de minorías en la educación superior

Pero su ascenso también quedó rodeado por cuestionamientos. Voces críticas sostienen que varias instituciones no realizaron una revisión suficientemente rigurosa antes de impulsarlo como una figura emblemática de la diversidad

En el sistema universitario británico, la representación sigue siendo baja: hubo 270 profesores negros en el ciclo 2024-25, frente a 120 en 2016-17. Aun así, ese grupo representa apenas el 1% del total de profesores, pese a que la población negra en edad laboral ronda el 4%

Plagio, biografía y una investigación tardía

Las dudas sobre sus credenciales salieron a la luz el mes pasado. A partir de allí, se multiplicaron las acusaciones de plagio en su tesis doctoral y las preguntas sobre afirmaciones de su biografía, entre ellas haber corrido 30 maratones en 35 días y haber reunido 5,5 millones de libras para caridad a lo largo de dos décadas

También fueron examinados detalles de su historia personal, como el relato de un trastorno del espectro autista que, según se dijo, le habría impedido hablar hasta los 11 años y leer o escribir hasta la adolescencia tardía. Esos aspectos habían sido parte central de la imagen pública que rodeó su nombramiento

Cambridge abrió una investigación el 5 de agosto, después de recibir nueva información, y Arday renunció ese mismo día. Luego se sumaron pesquisas en Glasgow y Durham, donde también había trabajado

Presión mediática y acusaciones de racismo

La reacción pública se dividió entre quienes creen que el caso expuso fallas institucionales y quienes sostienen que la cobertura mediática fue desproporcionada y cargada de sesgos raciales

Más de 107.000 personas firmaron una carta abierta que reclama una investigación pública sobre la cobertura periodística del caso. El texto sostiene que la exposición persistió incluso después de advertencias sobre el impacto que podía tener sobre un hombre autista vulnerable

Quienes defienden a Arday afirman que fue sometido a un nivel de escrutinio inusual y que el debate reveló estándares más duros para las personas negras. Otros, en cambio, argumentan que la cobertura respondió a la relevancia pública del caso y a la necesidad de revisar con cuidado sus antecedentes

Mientras continúa la discusión, también crece el gesto de apoyo hacia su familia. Una campaña de recaudación ya superó las 193.000 libras, en medio de un clima en el que el nombre de Arday quedó atrapado entre la exigencia de integridad académica y la denuncia de un trato injusto