El 9 de abril de 1940, la familia real noruega recibió por radio el ultimátum alemán: rendición o represalias. La invasión del Tercer Reich había comenzado por aire y mar, y el rey Haakon VII respondió con una negativa rotunda. A partir de entonces, Noruega quedó atravesada por la ocupación y por el desafío de sostener la resistencia desde el exilio
El exilio y la decisión de seguir peleando
Tras el bombardeo de Nybergsund y la evacuación de la corte, la familia real abandonó Noruega rumbo a Gran Bretaña. Desde allí, Haakon VII impulsó la organización de una fuerza aérea noruega en el exterior y encomendó esa tarea a Bernt Balchen. Canadá aceptó recibir la escuela de formación, que se instaló en la isla de Toronto y luego sumó una segunda base en Muskoka
El centro se conoció como Little Norway y se convirtió en una pieza clave para entrenar voluntarios noruegos. Los primeros pilotos llegaron desde Gran Bretaña en 1940, y con el tiempo el proyecto se amplió para responder a la demanda de aviones, instructores y alojamiento. La escuela terminó funcionando con estándares similares a los del programa aéreo del Commonwealth
Los aviones que llegaron desde el sur
La falta de recursos abrió paso a una campaña de donaciones que también alcanzó a comunidades noruegas en América del Sur. En ese marco, la colecta impulsada por Alberto Johan Gundersen reunió fondos para comprar cuatro Fairchild Cornell destinados a Little Norway. Los aviones, aportados desde Argentina y Uruguay, fueron bautizados “El Gaucho”, “El Gaucho II”, “El Gaucho III” y “El Gaucho IV”
Las ceremonias de entrega tuvieron además un valor simbólico. El entonces príncipe Harald, junto con sus hermanas, participó de esos actos y quedó asociado a la imagen de la resistencia noruega. En uno de esos encuentros, incluso se obsequió una figura de gaucho al representante noruego en Canadá y se colocaron pequeñas piezas de tela en las cabinas como amuleto de buena suerte
Harald, testigo y heredero
Harald tenía apenas tres años cuando comenzó la guerra y creció entre el exilio y la representación institucional de su familia. Más tarde regresó a Noruega con los suyos en 1945, después de la liberación. Ya como rey, subió al trono en 1991 y gobernó durante más de tres décadas, convertido en una figura de alta aprobación popular
El legado de Little Norway y de los aviones donados desde Argentina quedó ligado a la reconstrucción de la aviación noruega y a la memoria de la resistencia. Los entrenadores fueron repatriados tras la guerra y ayudaron a consolidar la Real Fuerza Aérea Noruega. Harald, que visitó Argentina en la etapa final de su reinado, murió el 28 de agosto de 2026