MOHALE'S HOEK, Lesoto. En una mañana fría, Ntlhane Sehloho recorrió durante tres horas caminos de grava y curvas de montaña con su mochila de equipo médico a cuestas. Al llegar al centro de salud de Mpharane, su presencia alivió a varias mujeres que aguardaban atención, algunas embarazadas y otras con bebés a la espalda
Sehloho cumple un rol poco habitual en esta región: es partero. En Lesoto, donde la partería fue vista durante mucho tiempo como una tarea exclusiva de mujeres, cada vez más hombres ingresan a la profesión mientras el país intenta reducir su elevada mortalidad materna
Una emergencia sanitaria persistente
En Lesoto mueren unas 530 mujeres por cada 100.000 nacidos vivos, según cifras de Naciones Unidas. La tasa está muy por encima del promedio mundial, de alrededor de 200. En el sur de África, además, las muertes vinculadas al embarazo y al parto siguen siendo una preocupación central: la región concentra una gran parte de esos fallecimientos en el mundo
La Organización Mundial de la Salud estima que los hombres representan menos del 1% de todas las parteras del planeta. Aun así, organismos internacionales han pedido sumar más personal, mujeres y hombres, para cubrir la falta de atención durante el parto
Confianza en una tarea culturalmente sensible
Sehloho forma parte de unos 300 parteros varones en Lesoto y lleva dos décadas en el oficio. Habla mucho, hace bromas y trata de generar confianza desde la primera consulta prenatal. Dice que quiso ser enfermero para ayudar a las mujeres de su comunidad rural, donde muchas debían caminar largas distancias para llegar a un centro de salud
En su infancia, recuerda, no era raro que algunas embarazadas dieran a luz en sus casas porque el centro médico quedaba demasiado lejos. También recuerda muertes evitables. A partir de esa realidad, las autoridades sanitarias lo alentaron a él y a otros enfermeros a formarse como parteros para responder a una crisis que golpea sobre todo a las zonas rurales
Hoy, según datos de UNICEF, el 92% de los nacimientos en Lesoto cuenta con atención de personal de salud capacitado
Un cambio lento, pero visible
Las autoridades sostienen que el género no debería ser un obstáculo para atender un parto. Sin embargo, reconocen que todavía hay mujeres que prefieren ser atendidas por una profesional y que el sistema permite registrar esa incomodidad cuando es posible hacerlo
En la práctica, no siempre hay tiempo para elegir. Sehloho lo sabe y por eso insiste en explicar su experiencia y en acercarse desde una historia compartida con las pacientes: la vida rural, las distancias y las dificultades para acceder a cuidados
Durante las consultas, toma la presión arterial, controla la evolución del embarazo y pregunta si la paciente está cómoda. Según una representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas, los parteros varones suelen recibir reacciones mixtas, aunque muchas mujeres destacan su trato más suave y atento
Las pacientes se adaptan
Entre las usuarias del centro, algunas siguen sintiéndose más cómodas con una mujer. Otras aseguran que no tienen problema con un partero varón si es quien está disponible
Una joven de 21 años dijo que está acostumbrada a ser atendida por mujeres, aunque a veces no tiene alternativa. Otra paciente de la misma edad señaló que nunca tuvo inconvenientes y que valora recibir el mismo nivel de cuidado, sin importar quién la atienda
En una región donde cada parto seguro cuenta, la presencia de hombres en una profesión tradicionalmente femenina empieza a dejar de ser una rareza y a convertirse en parte de la respuesta sanitaria