La mañana del domingo 30 de agosto dejó en la Ciudad de México escenas que explican por sí solas el sentido del maratón: un corredor de 68 años en su prueba número quince, una mujer invidente acompañada por su guía, atletas con discapacidad cruzando la meta entre aplausos y miles de participantes empeñados en completar los 42 kilómetros, sin importar si buscaban un mejor tiempo o simplemente terminar de pie

Una carrera para todos

La diversidad de historias en la ruta resume una idea que Sandalio Sainz de la Maza defendió hace más de cuatro décadas. Cuando organizó la primera edición del maratón en 1983, al frente de la Dirección General de Promoción Deportiva del entonces Distrito Federal, no pensó solo en una competencia, sino en una celebración abierta a toda la ciudad

Su apuesta fue construir un espacio común, sin distinciones sociales, donde cada corredor compitiera desde su propia realidad pero compartiendo la misma calle, el mismo esfuerzo y la misma meta

Un legado que sigue en pie

La edición de este año reunió a 32,000 corredores que partieron desde el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. Entre los ganadores estuvieron el peruano Cristhian Pacheco y la etíope Kaseng Asefa

Entre 1982 y 1988, Sainz de la Maza también impulsó 850 módulos deportivos, 21 centros deportivos y tres complejos que bautizó como “Ciudades Deportivas”, entre ellos la Carmen Serdán y la Francisco I. Madero. Varios de esos espacios siguen en uso

Ese trabajo le valió el sobrenombre de titán del deporte en México. Su visión dejó una idea que continúa viva cada vez que alguien cruza la meta: el deporte no como privilegio, sino como un derecho compartido