Los seres humanos mantenemos una temperatura corporal cercana a los 37 °C tanto en el frío extremo como en los ambientes calurosos. Esa capacidad distingue a los animales endotermos, cuyo organismo genera calor interno para conservar condiciones adecuadas para sus funciones vitales

En cambio, los ectotermos dependen en mayor medida de la temperatura del entorno. Las lagartijas, por ejemplo, se asolean para calentarse, mientras que otros animales buscan la sombra o esperan la noche para desarrollar su actividad

Qué significan “sangre caliente” y “sangre fría”

La expresión “sangre fría” no indica que la sangre de un animal esté siempre fría. Se refiere a que su temperatura corporal depende principalmente del ambiente. El término científico es ectotermo: el calor proviene del exterior

Los endotermos, en cambio, producen calor desde el interior del organismo. Una serpiente que acaba de despertar puede estar fría, pero después de permanecer al sol puede alcanzar una temperatura superior a la de muchos mamíferos. Por eso, la diferencia no depende tanto de la temperatura absoluta como de la forma en que se obtiene y regula el calor

El origen de estas expresiones es anterior a la clasificación biológica moderna. En la Antigua Grecia, la teoría de los humores sostenía que los fluidos del cuerpo influían en el carácter y que la sangre era un elemento caliente. De allí surgieron expresiones como “me hierve la sangre”

Mucho antes de que los científicos clasificaran a los reptiles y anfibios como animales de “sangre fría”, la expresión ya se utilizaba para describir conductas, como la de un asesino que actuaba “a sangre fría”

La calefacción interna de los mamíferos

Los mamíferos producen calor como consecuencia de la actividad metabólica. La sangre lo distribuye por el cuerpo, lo lleva hacia las extremidades y transporta el calor de regreso mientras el organismo continúa funcionando, incluso durante el sueño

La temperatura cercana a los 37 °C resulta especialmente conveniente porque las enzimas, proteínas que intervienen en las reacciones celulares, trabajan con gran eficiencia en ese rango. Cuando la temperatura baja demasiado, esas reacciones se vuelven lentas. Si sube demasiado, las proteínas pueden perder su estructura y los tejidos sufrir daños

El cuerpo cuenta con distintos mecanismos para conservar el equilibrio. Ante el calor, aumenta el flujo sanguíneo hacia la piel mediante la vasodilatación. Si el aire está muy caliente y la diferencia entre la piel y el ambiente se reduce, el sudor permite enfriar el organismo al evaporarse

Frente al frío ocurre lo contrario: los vasos sanguíneos de la periferia se contraen para conservar el calor y proteger órganos centrales como el corazón, los pulmones, el hígado y el cerebro

El hipotálamo coordina estas respuestas. Esta región del cerebro recibe información de sensores térmicos y determina si el cuerpo debe transpirar, tiritar o modificar el diámetro de los vasos sanguíneos

No todos los endotermos mantienen siempre la misma temperatura

Algunos animales endotermos son heterotermos, es decir, pueden reducir su temperatura y su metabolismo en determinados momentos. Los colibríes lo hacen durante la noche para ahorrar energía, mientras que otros animales hibernan y utilizan lentamente sus reservas de grasa durante el invierno

Cómo aprovechan el ambiente los ectotermos

La mayoría de los animales del planeta son ectotermos. Sus cuerpos están adaptados para funcionar con las temperaturas disponibles en el entorno. Algunos se exponen al sol; otros permanecen en zonas sombrías o esperan la noche para evitar el calor del día

Los insectos también pertenecen, en su mayoría, a este grupo. Sin embargo, ciertas especies pueden generar calor durante períodos concretos. Las abejas, por ejemplo, contraen los músculos del vuelo sin mover las alas para calentar la colonia

El tamaño influye en la velocidad con que un animal gana o pierde calor. Los animales pequeños tienen una superficie corporal grande en relación con su volumen, por lo que se calientan rápido al sol y se enfrían con igual rapidez en la sombra. Los animales grandes tardan más en cambiar de temperatura, pero también conservan el calor durante más tiempo

Dos estrategias con ventajas diferentes

La ectotermia requiere menos energía. Una lagartija puede alimentarse menos porque utiliza el ambiente para alcanzar la temperatura necesaria. Su tasa metabólica es considerablemente menor que la de un ser humano o la de otros mamíferos

La endotermia, sin embargo, ofrece independencia frente al clima. Al mantener una temperatura relativamente constante, las enzimas, los músculos y el sistema nervioso pueden funcionar cerca de su nivel óptimo sin esperar a que salga el sol

Esta capacidad también permite a los endotermos desarrollar actividad en climas fríos, donde para un reptil o un anfibio resulta más difícil mantenerse activo

La evolución, por lo tanto, no estableció una única solución. Producir calor internamente permite ocupar más ambientes y mantener la actividad, pero exige un consumo energético elevado. Depender del entorno reduce ese costo, aunque obliga a adaptarse a sus cambios