A las puertas de cumplirse seis meses de la guerra con Irán y con reservas cada vez más reducidas de armamento clave, el gobierno de Donald Trump redobla su apuesta por el castigo financiero. La nueva etapa busca aislar todavía más a Teherán y empujarlo a ceder en su programa nuclear y en la reapertura total del estrecho de Ormuz para buques petroleros y de gas

La ofensiva económica llega en un momento incómodo para la Casa Blanca. El conflicto sigue siendo impopular y el calendario político se estrecha de cara a las elecciones de medio término, que definirán si los republicanos conservan el control del Congreso

En ese contexto, Trump parece concentrar su poder en una campaña acelerada de sanciones contra uno de los países más castigados por restricciones estadounidenses en las últimas décadas

El secretario del Tesoro dejó entrever el alcance de la próxima fase al advertir que habrá sanciones secundarias contra naciones y compañías que hagan negocios con Irán. Aunque evitó precisar objetivos, el mensaje apuntó a socios y aliados que aún mantienen vínculos comerciales. China e India siguen entre los principales compradores de petróleo iraní

La estrategia apunta a cerrar las vías que todavía generan ingresos para el régimen iraní. Casi todos los sectores energéticos, financieros y de transporte de ese país ya están bajo sanción, por lo que Washington busca ahora presionar a terceros para que reduzcan al mínimo sus contactos con Teherán

Para algunos sectores cercanos a la Casa Blanca, la combinación de ataques previos a instalaciones nucleares, la guerra en curso y el bloqueo naval sobre puertos iraníes habría creado condiciones inéditas para doblegar al gobierno de Teherán. Sin embargo, especialistas en política exterior advierten que la apuesta puede chocar con la experiencia acumulada durante años de sanciones sin un cambio de rumbo duradero en Irán

También pesa la decisión de Emiratos Árabes Unidos de suspender el comercio con Irán tras una presunta agresión con misiles, un movimiento que refuerza el aislamiento de Teherán y reduce una de sus rutas más útiles para amortiguar el impacto de las restricciones a través de reexportaciones

En Teherán, la respuesta fue de rechazo. Voceros oficiales sostienen que Washington recurre a las sanciones cuando no quiere avanzar por la vía diplomática y que esa fórmula no ha logrado quebrar la resistencia iraní. Desde esa lectura, la nueva ofensiva no abre una salida, sino que agrava la desconfianza y cierra aún más el espacio para un acuerdo

Analistas independientes coinciden en que el punto más débil de la estrategia es la falta de una puerta de negociación creíble. Sostienen que, para Irán, la presión económica por sí sola no altera los incentivos del régimen y que, sin una propuesta clara de salida, la escalada puede terminar endureciendo todavía más la posición de Teherán