Kobe, un obrero de 18 años, no esperaba encontrar un tesoro mientras trabajaba en unas obras de renovación en Flandes. Al derribar una pared del sótano, junto a su equipo, apareció una bolsa emparedada con lingotes y monedas de oro valorados en unos 9 millones de euros

El inmueble pertenece actualmente a la plataforma de servicios sociales CAW Oost-Vlaanderen y estaba siendo preparado para la instalación de nuevas tuberías. Tras el hallazgo, el contenido fue recogido, inventariado y comunicado a la policía, que lo trasladó a una caja fuerte de alta seguridad bajo control del Gobierno federal

Una obra vigilada y sin más hallazgos

La policía local advirtió que nadie debe acercarse al edificio en busca de más oro. El perímetro está vallado y el acceso, además de peligroso, está prohibido. Después de registrar la zona por completo, las autoridades aseguraron que ya no queda nada más por encontrar

Incluso la imagen de de la policía en redes sociales fue actualizada con una moneda dorada, en una escena que refleja el impacto que ha tenido el descubrimiento en la zona

La pista de una antigua familia de la zona

La Fiscalía de Flandes Oriental investiga ahora de dónde salió el oro y en qué momento fue ocultado. Una de las hipótesis más sólidas apunta a la familia Van Assche, un linaje acomodado vinculado durante décadas a la cerveza, la hostelería y el negocio inmobiliario

Según esta teoría, el último Van Assche en casarse fue Theofiel, padre de tres hijos que no habrían dejado descendencia conocida. La vivienda familiar pasó a manos de sacerdotes tras la muerte del último heredero, en 1982, y después quedó en propiedad de la Abadía de Dendermonde, aparentemente con el tesoro todavía escondido en su interior

El historiador Piet Buyse sostiene que el botín sería posterior a la Segunda Guerra Mundial. La familia ya había acumulado una gran fortuna y parte de ella pudo convertirse en oro, una reserva de valor especialmente apreciada tras el crac de 1929

Un premio en disputa

El edificio está siendo reformado por la organización social para convertirlo en oficinas y alojamiento. La entidad confía en que, si la ley le reconoce la propiedad, el dinero pueda destinarse a centros de acogida y otros servicios para personas sin hogar

La legislación belga concede cinco años al propietario legítimo para reclamar el tesoro. Si nadie acredita su derecho en ese plazo y no se demuestra un origen delictivo, el hallazgo se reparte entre quien lo encontró y el dueño actual de la vivienda

Hasta entonces, ni Kobe ni la organización podrán disponer del oro, que seguirá bajo custodia policial. Si no aparece ningún descendiente con derecho sobre el tesoro, el reparto llegará dentro de cinco años