Durante ocho años, Teddy fue mucho más que una mascota para Margaret Elaine Foster. La mujer lo recibió cuando tenía apenas diez semanas y desde entonces se volvió su compañero inseparable
Pero un deterioro en su salud la obligó a tomar una decisión dolorosa: debía mudarse a una residencia con asistencia para adultos mayores y el lugar no aceptaba animales
Una búsqueda sin salida
Antes de separarse de Teddy, Margaret intentó encontrarle un hogar. Durante dos semanas llamó a familiares, conocidos y contactos cercanos. Su hija consultó a vecinos y su yerno hizo lo mismo con compañeros de trabajo. Ninguna de esas gestiones dio resultado
La mujer había visitado tres establecimientos en Lexington, Kentucky, hasta elegir uno que le resultó adecuado por su cercanía con la casa de su hija y por la atención que recibió. El problema seguía siendo el mismo: Teddy no podía acompañarla
La despedida más dura
Un miércoles por la mañana, Margaret llevó al perro a un refugio. Su hija quiso acompañarla, pero ella prefirió atravesar sola ese momento. Para que Teddy estuviera tranquilo, le dejó su cama, su plato de comida y una bolsa con sus golosinas favoritas
También escribió una nota a mano con indicaciones sobre sus gustos, sus miedos y sus rutinas. Entre otras cosas, explicó que necesitaba una manta para dormir incluso en verano y que disfrutaba pasar las tardes junto a una ventana
El momento más difícil llegó cuando firmó la documentación. Teddy se quedó pegado a sus piernas, con las patas delanteras alrededor de uno de sus tobillos. Después, Margaret se sentó en el piso para darle un último abrazo, le susurró unas palabras y se fue
El perro quedó mirando la puerta por la que su dueña salió de su vida
La reacción y la esperanza
Horas más tarde, la hija de Margaret llamó para saber cómo estaba Teddy y contó que su madre no había dejado de llorar desde que llegó a casa. Desde el refugio intentaron tranquilizarla y le confirmaron que el perro estaba seguro, abrigado y había comido con normalidad
Después de que la historia se difundiera en redes sociales, varias personas se ofrecieron para adoptarlo y ayudar a que Margaret pueda volver a verlo. Entre los mensajes, hubo quienes propusieron llevar a Teddy a visitarla con regularidad y ofrecerle un hogar con patio, ventanas, mantas y compañía