Un río puede pasar, en muy poco tiempo, de cauce tranquilo a corriente desbordada y violenta. Eso es una riada: una subida brusca del nivel del agua, capaz de arrastrar barro, piedras, árboles, vehículos y puentes enteros

La tragedia registrada en el norte de Nepal volvió a mostrar su poder destructivo. La crecida alcanzó la zona fronteriza con Tíbet y golpeó con fuerza el río Bhote Koshi, en el distrito de Rasuwa, una región montañosa donde este tipo de eventos resulta especialmente peligroso

Un golpe de agua que arrasó la frontera

La emergencia se concentró en la provincia de Bagmati, cuando una gran masa de agua llegó al Bhote Koshi desde territorio tibetano poco después de las 9:15 hora local. Timure, Rasuwagadhi y Syabrubesi estuvieron entre las localidades más afectadas

Las imágenes de seguridad mostraron la velocidad del desastre: poblados, puentes, embalses y otras estructuras quedaron destruidos en cuestión de instantes, mientras personas y vehículos intentaban escapar sin margen de reacción

Qué diferencia a una riada de una inundación común

En el uso cotidiano, riada suele describir un desborde súbito y muy intenso. En términos técnicos, se parece a una inundación repentina, de inicio rápido y corta duración

La clave está en la velocidad. A diferencia de una inundación gradual, que se desarrolla durante horas o días, una riada concentra toda su fuerza de manera brusca y convierte un cauce en una masa de agua con enorme energía

Por eso puede arrasar comunidades enteras antes de que la alerta llegue a todos los puntos expuestos, sobre todo en zonas de montaña, donde la pendiente acelera el flujo y estrecha el cauce

Las causas que pueden desatarla

Las riadas no nacen siempre de lluvias intensas en el lugar afectado. También pueden producirse por deslizamientos de tierra, rupturas de diques, colapsos de lagos glaciares o bloqueos temporales de un río que ceden de golpe

En el caso de Nepal, las autoridades evaluaban distintas hipótesis. Una de ellas apuntaba a un posible desbordamiento o ruptura de un lago glaciar en Tíbet. Otra vinculaba la crecida con un terremoto que pudo provocar un gran deslizamiento, bloquear el cauce y liberar después el agua de forma repentina

El Servicio Geológico de Estados Unidos registró a esa hora un sismo de magnitud 4,4, con epicentro a unos 77 kilómetros al noroeste de Kodari y a 10 kilómetros de profundidad

Una tragedia humana y material

El balance oficial daba cuenta de la magnitud del desastre: 95 cuerpos recuperados del lado nepalí y tres muertos en el condado tibetano de Gyirong, para un total de 98 fallecidos

La lista de desaparecidos era mucho mayor. China informó de 265 personas sin localizar. En Nepal, se había perdido contacto con 484 turistas, entre ellos 391 extranjeros y 93 nepalíes, además de 44 miembros del Ejército, 28 policías, 13 efectivos de la Fuerza Armada de Policía y 60 trabajadores vinculados a proyectos hidroeléctricos. En total, casi 900 personas seguían sin ser ubicadas

Entre los extranjeros sin localizar figuraban dos españoles, además de ciudadanos de India, Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Canadá, Malasia, Ucrania, Singapur, Sudáfrica, Japón, Nueva Zelanda, Alemania, Francia, Irlanda, Países Bajos y Rusia

La fuerza del agua también dejó un saldo material enorme: 80 puentes destruidos, 35 vehiculares y 45 colgantes peatonales, además de daños graves en las instalaciones del proyecto hidroeléctrico Langtang Khola, recién concluido

La respuesta de emergencia

El operativo incluyó helicópteros del Ejército y de empresas privadas para evacuar heridos y rescatar a personas atrapadas. La autoridad nacional de gestión del riesgo informó de 80 personas rescatadas por tierra y 116 por vía aérea

El gobierno declaró zona de desastre durante tres meses en las áreas afectadas. La medida contempló atención médica gratuita, alojamiento y alimentos para quienes perdieron sus viviendas, ayuda económica inmediata para las familias de las víctimas y órdenes para reabrir caminos y restablecer servicios básicos

También hubo asistencia internacional. La Unión Europea activó el sistema satelital Copernicus para mapear la zona afectada, mientras la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja liberó más de un millón de euros para apoyar la respuesta humanitaria