La primera vez que Antón Álvarez, C. Tangana, escuchó tocar a Yerai Cortés no había cámaras ni guion. Fue en una fiesta organizada por Javier Limón, y aquel guitarrista de Alicante dejó al músico madrileño con una certeza inmediata: allí había una historia que merecía ser contada

De ese encuentro surgió La guitarra flamenca de Yerai Cortés, un proyecto que unió película y disco, ambos publicados el 20 de diciembre de 2024. El documental pasó por la sección New Directors del Festival de San Sebastián, llegó a los cines españoles en diciembre de ese año, ganó dos Premios Goya y recientemente aterrizó en MUBI

Un relato familiar atravesado por una herida

C. Tangana decidió que la guitarra sería la puerta de entrada a una familia marcada por un secreto guardado durante años. El rodaje se extendió durante tres años, con pausas, dudas y una intención clara: no forzar lo que ocurría delante de cámara y respetar los tiempos de quienes se iban abriendo

Yerai Cortés, nacido en el barrio Virgen del Remedio de Alicante, empezó a tocar el cajón con cuatro años y ya dominaba la guitarra a los ocho. A los 29, cuando se estrenó el documental, era una figura reconocida del flamenco contemporáneo, capaz de moverse entre mundos distintos sin dejar de ser leído como gitano por unos y como moderno por otros

Esa tensión identitaria no queda como simple rasgo biográfico. La película la coloca en el centro y la vincula con una historia familiar atravesada por dolor, silencios y una muerte injusta que durante años no pudo decirse en voz alta

Tania García, la voz que ordena la emoción

La pareja de Yerai, Tania García, ocupa un lugar decisivo en el relato. Su voz atraviesa la película y su interpretación de Los Almendros, la canción que obtuvo el Goya a Mejor Canción Original, condensa el duelo, la memoria y la posibilidad de reconciliación

Yerai lo explicó con una frase que resume bien el proyecto: la guitarra es la protagonista, pero el hilo que une todo es Tania. Desde la portada hasta el desarrollo musical, su presencia ayuda a transformar una historia íntima en una experiencia compartida

Rodar el flamenco desde dentro

El documental también apuesta por una forma de filmar muy precisa. El sonido se registró con dos micrófonos montados en la cámara para que la escucha siguiera el punto de vista visual. Así, cuando la cámara se acerca a la guitarra, la voz se aleja; cuando enfoca a quien canta, el instrumento retrocede

Las actuaciones se filmaron en gran parte en planos secuencia, con palmas, respiraciones y ruido ambiente incluidos. La imagen, firmada por varios directores de fotografía, privilegia los rostros, las manos y los espacios cotidianos: descampados, plazas y rincones del barrio, lejos de una puesta en escena turística o pulida en exceso

El resultado es una obra que no trata al flamenco como un decorado, sino como una forma de vida. Entre la confesión familiar, el retrato de un músico singular y la mirada de un director que aprende a narrar desde el cine, la película encuentra su fuerza en algo muy simple: escuchar de cerca lo que durante años estuvo callado