Mientras Javier Milei mantiene el tono confrontativo en público, el Gobierno viene multiplicando en privado una serie de movimientos con impronta más pragmática. En pocas semanas, Economía y otras áreas habilitaron cambios que buscan dar aire a la actividad, ordenar la relación con aliados y mejorar el clima social sin tocar el núcleo del programa
Entre esas decisiones apareció la flexibilización de los créditos en dólares para que los bancos puedan prestar a empresas una porción de sus encajes, una línea de financiamiento hipotecario apoyada con fondos de la Anses, y un entendimiento con gobernadores del norte para sostener subsidios al consumo energético a cambio de respaldo legislativo. También se permitió una suba del dólar mayorista, que ya superó los $1500, y se dejó correr la idea de fijar en las paritarias un salario mínimo de convenio superior a $1 millón en algunos sectores, mientras seguían congeladas otras discusiones salariales
Caputo empuja acuerdos
En el centro de ese giro aparece Luis Caputo, que insiste desde hace semanas en la necesidad de cerrar acuerdos políticos más amplios con los gobernadores para asegurar gobernabilidad y dar señales al mercado. El ala política del oficialismo, con Karina Milei, Diego Santilli y referentes cercanos a los Menem, no descarta esa hoja de ruta, pero prefiere postergar definiciones electorales y primero acumular más fortaleza económica y territorial
La discusión no es solo táctica. En la mesa de conducción crece la idea de que el Gobierno ya no puede administrar la campaña con la misma lógica de los primeros meses, cuando la prioridad era sostener vetos y blindar el poder legislativo propio
Ahora, con la reelección de Milei como objetivo central, distintas terminales del oficialismo admiten que habrá que ensanchar el margen de negociación, incluso resignando espacios
Un clima social distinto
La lectura compartida dentro del Gobierno es que el humor social cambió desde marzo y que eso obliga a introducir correcciones. Esa percepción abrió la puerta a medidas más cercanas a demandas concretas, como los alivios sectoriales, las señales salariales y la búsqueda de mayor presencia presidencial en la gestión cotidiana
Después de casi un mes sin pasar por Casa Rosada, Milei volvió a encabezar reuniones de gabinete y a reunirse con legisladores propios antes de sesiones clave en el Congreso. En el oficialismo interpretan ese movimiento como una forma de recuperar iniciativa y exhibir control de la agenda tras varias semanas de tropiezos políticos
La pregunta de fondo
El riesgo que advierten en el entorno oficial es más profundo que el costo de cada medida aislada. Si el Gobierno empieza a naturalizar decisiones de transición, pactos parciales y gestos de administración convencional, parte de su capital político puede diluirse. La duda ya no es solo si la imagen del Presidente resiste, sino si Milei seguirá siendo percibido como el vector del cambio
Ese interrogante también impacta en la comunicación. El oficialismo reconoce que perdió novedad en el ecosistema digital, donde había construido buena parte de su fuerza política. Y mientras Santiago Caputo queda cada vez más corrido de algunas definiciones, otros actores ganan lugar en la arquitectura comunicacional y territorial del Gobierno
La tensión quedó expuesta en un episodio sensible en la Aduana, donde la salida de su titular abrió una disputa por el control del organismo. La definición de ese casillero puede terminar de ordenar, o desordenar, la relación de fuerzas dentro del círculo más cercano al Presidente
En síntesis, el Gobierno intenta combinar dogma con administración, dureza con pragmatismo y relato de ruptura con gestos de gobernabilidad. La apuesta es que ese equilibrio alcance para llegar competitivo a la próxima etapa. El interrogante es si el cambio puede seguir siendo cambio cuando empieza a parecerse a la rutina del poder