China presentó este sábado una protesta formal ante Japón después de que varios integrantes del gabinete japonés acudieran al santuario de Yasukuni, en Tokio, coincidiendo con el 81º aniversario de la rendición japonesa en la Segunda Guerra Mundial
Entre los asistentes estuvo el ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi. También visitó el recinto el ministro de Estado para Asuntos de Okinawa y los Territorios del Norte, Hitoshi Kikawada. La primera ministra, Sanae Takaichi, optó por no acudir y envió una ofrenda
Un símbolo de la memoria más polémica
Desde Pekín, un portavoz de Exteriores sostuvo que Yasukuni honra a catorce responsables militares y políticos condenados por crímenes de guerra tras la Segunda Guerra Mundial. Según esa postura, las visitas al templo buscan alterar el juicio histórico sobre Japón, ocultar sus crímenes y favorecer una agenda de remilitarización
El Gobierno chino también consideró que estos gestos afectan a la justicia histórica y contradicen el orden internacional surgido después de la guerra. En su mensaje, pidió a Tokio una revisión profunda de su pasado de agresión y una ruptura clara con el militarismo
Tensiones que siguen abiertas
Ningún jefe de Gobierno japonés en funciones ha visitado el santuario desde la controvertida visita de Shinzo Abe en diciembre de 2013, aunque varios dirigentes sí han enviado ofrendas en distintas ocasiones
La relación entre Pekín y Tokio atraviesa un momento delicado desde que Takaichi afirmara el año pasado que un ataque chino contra Taiwán podría representar una amenaza para la supervivencia de Japón y justificar una intervención de sus Fuerzas de Autodefensa