Desde la oficina del estadio Gargantini, Alfredo Berti observa una cancha todavía sin líneas, carteles ni redes. Está sentado, con su boina habitual y las muletas a un costado, después de haberse fracturado el peroné derecho durante una práctica

La lesión le devuelve recuerdos de otra etapa marcada por el dolor. Berti debutó como futbolista en 1992 y dejó de jugar en 2000, a los 29 años. En 1997, durante su paso por Boca, un golpe ante Ferro inició una cadena de problemas que terminó en cuatro operaciones y una fractura osteocondral en el tobillo derecho

El cartílago que protegía el hueso había quedado comprometido. Podía tolerar los desplazamientos rectos, pero los frenos, los giros y los cambios de dirección le provocaban un dolor que le impedía correr. Después de años de rehabilitación sin mejoras sostenidas, entendió que debía retirarse

“Nunca me había lesionado y de repente se me derrumbó todo”, recuerda. La aceptación fue gradual: primero llegó el dolor y, con el tiempo, la resignación. También observó casos similares, como los de Marco van Basten y Sebastián Battaglia, para comprender que la lesión seguía siendo difícil incluso con los avances de la medicina deportiva

Del retiro a la formación como entrenador

Tras dejar el fútbol, regresó a Empalme Villa Constitución y se dedicó a su familia. Recién en 2006 volvió al ámbito profesional, cuando se incorporó a las divisiones inferiores de Newell’s. Allí pasó tres años en cuarta división, luego trabajó en reserva y acompañó durante un año y medio el proceso de Gerardo Martino en Primera

Berti siempre había imaginado ese camino. Desde chico decía que sería futbolista y luego entrenador. Durante su etapa como jugador anotaba en libretas las sensaciones que le provocaban los entrenamientos, las decisiones de sus técnicos y las respuestas de su propio cuerpo

Su debut como entrenador de Primera llegó en 2013, cuando Martino dejó Newell’s para dirigir al Barcelona. El equipo consiguió 26 puntos en 11 fechas, aunque perdió el campeonato en la última jornada. La experiencia le enseñó que el fútbol puede llevar rápidamente del reconocimiento a la crítica

En su carrera como jugador también había conocido ambos extremos. En 1992 estuvo 25 partidos sin perder, alcanzó la final de la Copa Libertadores y ganó el torneo local. Al año siguiente, su equipo peleó por evitar el descenso. Para Berti, esas oscilaciones explican por qué no conviene creer completamente ni en los elogios ni en los cuestionamientos

Las escuelas, el tiempo y la paciencia

Marcelo Bielsa es uno de sus principales referentes. Lo conoció en el entorno de Newell’s, trabajó con él en distintas etapas y lo acompañó brevemente en Chile. También pasó ocho meses en una oficina dedicada al análisis y la planificación futbolística

Berti considera que los clubes deben formar a sus jugadores sin apresurar los procesos. Según su mirada, un futbolista debería llegar a Primera después de acumular entre 80 y 90 partidos en reserva. También sostiene que un delantero tendría que demostrar regularidad durante 60 o 70 encuentros antes de ser promovido

El entrenador cuestiona que las urgencias dirigenciales, las ventas y la presión de los hinchas interrumpan ese recorrido. A su entender, no alcanza con marcar dos goles en reserva para estar preparado para la máxima categoría

En Independiente Rivadavia encontró un contexto distinto. Afirma que lleva cuatro años de trabajo acumulado en el club y que está por cumplir dos años y medio en su ciclo actual. La continuidad le permitió conocer a los dirigentes, reconstruir planteles y sostener una idea de juego

También reconoce que el equipo deberá renovarse: calcula que en 2027 podría tener entre 15 y 16 futbolistas distintos. Su objetivo, sin embargo, permanece intacto: competir por títulos. Las copas de la B Nacional 2023 y de la Copa Argentina 2025 ocupan un lugar visible en su oficina

La gloria por encima del dinero

Berti recuerda con orgullo la consagración en la Copa Argentina, lograda en una final que su equipo terminó con nueve jugadores. Considera que aquella victoria cambió la historia de Independiente Rivadavia y que el triunfo posterior en el Maracaná reforzó la convicción de que ningún desafío es imposible

El entrenador admite que no duerme bien y que vive pendiente del fútbol, de los jugadores, del cuerpo técnico, de los médicos y de los dirigentes. A los 55 años, asegura que la gloria todavía le importa más que el dinero

Su relación con los futbolistas combina cercanía y distancia. Prefiere escuchar cuando es necesario, evitar la invasión y adaptar el trato a cada situación. También limita el uso de la tecnología a intervenciones breves y didácticas

Sobre los partidos, reconoce que los técnicos suelen gritar más como descarga que por la certeza de ser escuchados. Aun así, cree que algunas indicaciones pueden ayudar y que los laterales y los extremos son quienes más reciben esas instrucciones durante el juego

Los recuerdos que explican una vida futbolera

Entre sus compañeros menciona a Gerardo Martino, Juan Román Riquelme y Claudio Caniggia. Pero el recuerdo más especial corresponde a Diego Maradona, con quien compartió vestuario en Newell’s y Boca

Berti calcula que participó junto a Maradona en aproximadamente 115 o 120 entrenamientos. Recuerda sus controles, sus perfiles, sus tiros libres y su capacidad para convertir cada práctica en un espectáculo. También conserva escenas más simples: conversaciones en un avión o encuentros tranquilos en la utilería

Para Berti, Maradona y Lionel Messi marcaron los últimos 40 años del fútbol argentino. Tiene 55 años y considera que cuatro décadas de su vida estuvieron atravesadas por ambos. Por eso espera que aparezca pronto una nueva figura capaz de ocupar ese lugar en la imaginación popular

Mientras tanto, continúa trabajando en Mendoza. Su carrera quedó interrumpida como jugador, pero encontró otra forma de permanecer dentro del fútbol: observarlo, estudiarlo, transmitirlo y competir por la gloria