Boca volvió a mostrar su costado más irregular en Rosario. Había controlado la primera parte, se había puesto en ventaja y parecía encaminado a una victoria cómoda, pero se desordenó en el arranque del complemento, recibió otro gol nacido de un lateral y quedó en desventaja ante un Newell’s que reaccionó con carácter
El visitante se recuperó sobre el cierre, encontró el empate y hasta estuvo cerca de llevarse los tres puntos. Leonel Flores fue el jugador más desequilibrante del conjunto xeneize, en un partido donde otra vez quedaron en evidencia los altibajos del equipo y la necesidad de sostenerse en sus juveniles
Flores y Gorosito, los nombres que sostienen al equipo
Mientras sigue en busca de refuerzos, Boca volvió a apoyarse en Dylan Gorosito, Leonel Flores y Tomás Aranda. En cambio, varias de sus figuras más experimentadas no lograron rendir al nivel esperado: Sebastián Villa, Paredes y Merentiel quedaron por debajo de lo que necesita el equipo
Gorosito tuvo un buen arranque desde el lateral derecho. A los dos minutos generó la primera situación clara con un centro rasante para Merentiel, que fue detenido por Reinatti, y luego inició la acción que terminó en el gol de Ascacíbar con una recuperación. También volvió a mostrarse sólido y con personalidad en defensa
Aranda, por su parte, jugó más centrado y asumió el desafío de resolver en espacios reducidos. Aunque le costó entrar en partido, terminó siendo decisivo en el tramo final
Un primer tiempo favorable que Boca no capitalizó
Boca alineó con un 4-1-4-1: Gorosito, Di Lollo, Costa y Blanco; Paredes como eje; y por delante Flores, Aranda, Ascacíbar y Villa, con Merentiel como referencia ofensiva. El equipo encontró volumen de juego y generó chances para abrir el marcador antes de hacerlo
Merentiel desperdició una ocasión muy clara con un cabezazo al travesaño tras un centro perfecto de Flores. El propio juvenil volvió a asistirlo poco después, pero el delantero uruguayo definió desviado ante la intervención de Escobar
La apertura llegó con un cabezazo de Ascacíbar, que atacó el área con criterio y conectó un centro pinzado de Villa desde la izquierda. Boca ganaba por mérito propio y parecía tener el partido bajo control
Antes del descanso, llegó una jugada discutida por una mano de Di Lollo tras un córner y un cabezazo de Gianetti. Ni el árbitro ni el VAR sancionaron penal
El golpe del lateral y la reacción de Newell’s
En el inicio del segundo tiempo, Boca volvió a sufrir una desatención ya conocida: otra vez le convirtieron a partir de un lateral. Newell’s reanudó rápido, encontró a la defensa demasiado cerca de Montero y sorprendió con la pelota movida por otro sector. Cóccaro controló bien, dejó atrás a Paredes y definió cruzado para el 1-1
El empate empujó al local, que dio vuelta el marcador en apenas diez minutos. Luca Regiardo marcó un golazo al ángulo después de una pared con Thomás Ríos y cambió el pulso del encuentro
Newell’s creció por la atrevimiento de Guch, la movilidad de Ríos por izquierda y el peso de Regiardo en el mediocampo. Boca, que había dominado la zona central en la etapa inicial, quedó desorientado durante varios minutos
Los cambios y la respuesta final
Arruabarrena movió el banco sin mirar nombres ni edades: hizo ingresar a Milton Giménez como centrodelantero, sacó a Merentiel, respaldó a Flores y Aranda, y después mandó a cancha a Lozano por Gorosito y a Velasco por Villa. El colombiano volvió a tener una actuación floja en su regreso
Las decisiones del entrenador encontraron respaldo en el cierre. Aranda asistió a Velasco para el 2-2 con un pase zurdo, luego de una jugada iniciada con un saque largo de Montero y una nueva maniobra de Flores por derecha
Después, el propio Aranda estrelló un remate en el palo, Giménez tuvo otra de cabeza y Flores casi convierte el tercero en tiempo adicionado. Boca terminó más cerca de ganarlo que de perderlo, pero volvió a dejar la sensación de un equipo que nunca logra sostener su mejor versión
La discusión sigue abierta: para el cuerpo técnico, el problema pasa por la confianza; para otros, por el funcionamiento. En Rosario, Boca otra vez quedó atrapado en su propia ciclotimia