A mediados de los años noventa, Brad Pitt ya era una de las grandes estrellas de Hollywood. Su presencia física lo convirtió en un símbolo de la época, pero él buscaba algo más que ese lugar de galán. Elegía papeles cada vez más exigentes para demostrar que su carrera no se agotaba en la imagen

Su ascenso tampoco había sido inmediato. Nacido en Misuri, estudió Periodismo y Publicidad antes de dejar la universidad para mudarse a Los Ángeles y probar suerte como actor. El despegue llegó en 1991, cuando Ridley Scott lo eligió para Thelma & Louise. En apenas unos minutos en pantalla, Pitt llamó la atención de todos y hasta dejó atrás a otros aspirantes, entre ellos George Clooney

Una admiración muy clara

Con la fama también llegaron las comparaciones. A Pitt empezaron a llamarlo “el nuevo James Dean”, una etiqueta que no le resultaba cómoda. Para él, no tenía sentido idealizar una vida truncada ni repetir el recorrido de un ídolo muerto tan joven

En una entrevista de 1996, el actor habló con franqueza sobre sus referentes. Reconoció que le costaba encontrar modelos entre sus contemporáneos, pero sí destacó a muy pocos hombres a los que respetaba de verdad. Entre ellos estaba Robert Redford

Pitt ya había trabajado con él bajo su dirección y había quedado impresionado por su manera de dirigir. Dijo que Redford sabía exactamente lo que quería y que todo estaba previamente pensado. Su admiración quedó resumida en una frase que se volvió inolvidable: “Representa el tipo de hombre que los hombres quieren ser y el tipo de hombre que las mujeres quieren que sean los hombres”

La belleza no alcanza

En esa misma charla, Pitt cuestionó la obsesión por la apariencia. Sostuvo que la imagen solo funciona como primer impacto y que la atracción real aparece después, cuando la personalidad entra en juego y cambia por completo esa primera impresión

También dejó otra definición que ayudó a entender su mirada sobre el oficio. Para él, los mejores intérpretes no siempre son los que la gente convierte en símbolos sexuales. Como ejemplo, citó a Dianne Wiest y explicó que, aunque no respondiera al canon de belleza tradicional, le parecía la actriz más hermosa de la pantalla por la calidad de su trabajo