Julián Álvarez no se presentó al primer entrenamiento del Atlético de Madrid después del empate ante Villarreal. Desde el club atribuyeron la ausencia a una indisposición tras una mala noche
El episodio llega en un momento especialmente delicado: el delantero fue abucheado por parte de la afición en su regreso al Metropolitano y su continuidad sigue en duda a pocos días del cierre del mercado, previsto para el 1 de septiembre en las cinco grandes ligas de Europa
Una salida que el jugador ya pidió
La tensión entre el futbolista y la dirigencia se arrastra desde el 22 de junio, cuando Álvarez pidió formalmente ser transferido. Su intención sigue siendo jugar en Barcelona, una opción que el Atlético rechazó en reiteradas ocasiones
El club madrileño desestimó una propuesta de 100 millones de euros, a pagar en seis cuotas, y respondió que solo aceptaría una negociación que se acerque a la cláusula de rescisión, fijada en 500 millones
El club no cierra del todo la puerta
Aun así, en el entorno rojiblanco no existe una postura completamente uniforme. Según distintas versiones, una parte de la dirigencia vería con mejores ojos una venta si la oferta satisface las necesidades económicas de la entidad
La conducción principal, en cambio, mantiene su negativa a negociar con el Barcelona para no fortalecer a un rival directo. En paralelo, el Arsenal también sigue de cerca la situación, aunque todavía no presentó una oferta que cumpla con las exigencias económicas
Atlético fijó el precio de salida en 150 millones de euros y prefiere un pago único. Por ahora, Álvarez sostiene que quiere continuar su carrera en España y descartó la alternativa inglesa
Simeone lo quiere en su plantel
Diego Simeone expresó públicamente su deseo de contar con el delantero argentino y le hizo saber que sigue dentro de sus planes. Sin embargo, dejó la resolución final en manos del club y del propio jugador
El clima en el Metropolitano se enfrió todavía más tras el cruce con Villarreal, cuando el delantero recibió silbidos y cánticos en su contra. La relación con la grada se deterioró en las últimas semanas y el desenlace, a esta altura, sigue abierto