Una ola que aparece dos veces al día
En Turnagain Arm, al sureste de Anchorage, la marea entra desde el Pacífico y choca contra la corriente que sale de la ensenada de Cook. De ese encuentro nace un macareo que puede levantar una ola de hasta 3 metros y avanzar a entre 16 y 24 kilómetros por hora
Quienes logran montarla pueden recorrer varios kilómetros. Para Pete Beachy, que la surfea desde 2010, el atractivo está en la mezcla de paisaje y riesgo: durante unos minutos, el agua parece tragarse la costa subártica y dejar solo montañas, aves y el ruido del océano
Una atracción cada vez más visible
Aunque existen más de 60 macareos documentados en el mundo, solo una parte pequeña se puede surfear. El de Turnagain Arm está entre los más accesibles y eso lo volvió conocido entre surfistas de olas grandes y algunos residentes de Alaska que adoptaron esta práctica
La exposición en redes y la difusión de las condiciones de marea aumentaron la llegada de curiosos. En los días buenos, entre 20 y 40 personas pueden esperar sobre la ruta costera para intentar tomar la ola
Frío, lodo y rescate limitado
El entorno también multiplica los peligros. El agua ronda los 7 grados y puede dejar sin coordinación básica en pocos minutos. Además, el brazo está bordeado por un lodo glaciar muy fino que atrapa a quienes quedan varados en la zona baja hasta que vuelve a subir la marea
Los bomberos de Girdwood cuentan con un equipo especial para rescates en lodo, pero su uso requiere varias personas y llegar a tiempo. Esa combinación se volvió crítica en junio, cuando un hombre de 25 años de Anchorage murió tras quedar atrapado por la corriente y el barro, demasiado agotado y con frío para volver a la orilla
Plan B, C y D
Beachy suele advertir a los recién llegados que en ese lugar no alcanza con saber remar. La idea es prever varias salidas posibles porque, si algo sale mal, el auxilio puede no llegar a tiempo. La advertencia resume el espíritu del sitio: una ola extraordinaria en un entorno donde el margen de error es mínimo
Aun así, Beachy sigue volviendo cada temporada. Asegura que nada se compara con sostener una ola durante tanto tiempo, y cita una recorrida de 9,6 kilómetros que registró con su cámara como prueba de por qué sigue buscando el próximo macareo