Diego Milito vive su etapa más incómoda desde que asumió la presidencia de Racing. Ídolo indiscutido como futbolista, hoy enfrenta cuestionamientos por el rumbo deportivo e institucional de su gestión, que ya lleva un año y nueve meses

En la previa de la asamblea del club, aparecieron pasacalles que le exigían dar un paso al costado y anticipar las elecciones. La presión también se sintió después de la derrota ante Tigre, cuando recibió insultos de un sector de la hinchada

Al abrir la reunión, Milito admitió el mal momento y dijo que entendía el enojo de los socios. También aseguró que la dirigencia escucha las críticas. Desde su entorno sostienen que sigue cada tema del club de manera permanente y que atraviesa el conflicto con fuerte desgaste interno

Una conducción bajo examen

Su forma de conducir es uno de los puntos más discutidos dentro de la vida política de Racing. Durante la asamblea, intentó ubicarse por encima de las divisiones y se definió como presidente de todos, tanto de quienes lo votaron como de quienes no

Sin embargo, el cierre de su exposición dejó otra imagen: la de un dirigente incómodo, con poca intervención posterior y absorbido por el clima tenso del encuentro

La situación se tensó aún más cuando desde la minoría le preguntaron por qué había renovado por tres años el contrato de Gustavo Costas y luego lo había despedido seis meses después. Milito no respondió y eligió mantenerse en silencio

En ese tramo, el vicepresidente segundo, Martín Ferré, tomó un rol más activo y terminó ordenando el desarrollo de la asamblea

Malvinas, consenso y contraste político

La única iniciativa que reunió acuerdo pleno fue la declaración de los veteranos de la Guerra de Malvinas como socios honorarios del club. Milito se puso de pie para homenajearlos, en una medida celebrada luego por Claudio Tapia, presidente de la AFA, con quien mantiene diferencias marcadas

El momento político e institucional de Racing queda ahora atado al próximo partido ante Banfield, el viernes en el Cilindro. Un nuevo tropiezo podría volver a encender el clima interno y profundizar el ruido alrededor del presidente