Roberto Durán fue mucho más que un campeón de boxeo. Su historia combina pobreza, gloria, rivalidades inolvidables, excesos, música, humor y episodios extraordinarios, como la convivencia con un león y un accidente automovilístico que casi termina en tragedia
Apodado “Mano de Piedra” o “Manos de Piedra”, el panameño integró junto con Sugar Ray Leonard, Thomas Hearns y Marvin Hagler el grupo de los grandes campeones de los años 80. Ganó títulos mundiales en cuatro categorías y cerró su carrera profesional con 103 victorias, 70 de ellas por nocaut, y 16 derrotas
Una infancia atravesada por la necesidad
Durán nació el 16 de junio de 1951. Fue hijo de Clara Samaniego y de Margarito Durán, un cocinero estadounidense de ascendencia mexicana que trabajaba para el ejército de Estados Unidos instalado en la zona del Canal de Panamá
La familia tenía nueve hijos y atravesaba serias dificultades económicas. Roberto contó que durante su infancia hubo días en los que no tenían qué comer. Para ayudar en su casa trabajó como lustrabotas y vendedor de diarios, además de colaborar con su madre. También dejó la escuela siendo muy pequeño
Su objetivo inicial no era la fama. Quería ganar dinero para construirle una casa a su madre. A los ocho años comenzó a acercarse a un gimnasio y allí se enfrentó, en entrenamientos, con rivales más grandes y mayores que él
Primero tuvo como instructor a Néstor “Plomo” Espinosa. Más tarde apareció Ray Arcel, uno de los entrenadores más importantes de la historia del boxeo, quien tuvo una influencia decisiva en su evolución
El ascenso de “Mano de Piedra”
Durán debutó como profesional el 23 de febrero de 1968, en Colón, Panamá. Tenía 16 años y venció a Carlos Mendoza. Por aquella pelea recibió 25 dólares, una cifra que interpretó como el comienzo de una futura fortuna
Su boxeo era intenso y agresivo. Atacaba al cuerpo, avanzaba sin descanso, acortaba los espacios y obligaba a sus oponentes a pelear bajo presión constante. Aunque muchos lo identificaban únicamente como un noqueador, él insistía en que también era un boxeador inteligente, capaz de aprender a evitar los golpes
En junio de 1972, con un récord de 28 triunfos y ninguna derrota, derrotó al escocés Ken Buchanan en el Madison Square Garden y conquistó el título mundial de los livianos de la AMB. Desde entonces, su nombre quedó instalado entre las grandes figuras del deporte
Su temperamento también se convirtió en parte de su identidad. Era orgulloso, provocador, competitivo y capaz de llevar la confrontación verbal hasta el límite
La rivalidad con Esteban De Jesús
En noviembre de 1972, Esteban De Jesús sorprendió al panameño: lo derribó y le ganó por puntos. Fue la primera derrota profesional de Durán y dejó una herida profunda en su orgullo
La revancha llegó en 1974, en Panamá. De Jesús volvió a enviarlo a la lona en el primer asalto, pero Durán reaccionó y consiguió el nocaut en el undécimo. El tercer combate se realizó en 1978, con la unificación de los títulos de los livianos en juego. Durán ganó por nocaut técnico en el duodécimo round
Con el paso del tiempo, la rivalidad se transformó en amistad. De Jesús atravesó graves problemas personales, fue encarcelado, desarrolló una adicción a las drogas y contrajo HIV
En 1989, cuando se encontraba internado en Puerto Rico y su estado era delicado, Durán viajó para visitarlo. Lo abrazó y permitió que su hija besara al enfermo, en una época en la que el sida todavía estaba rodeado de un fuerte estigma. Aquel encuentro terminó convertido en una de las escenas más emotivas de su vida
El duelo que lo consagró frente a Sugar Ray Leonard
Durán continuó ganando y subió de los livianos a los semimedianos. El 20 de junio de 1980 enfrentó en Montreal al invicto Sugar Ray Leonard, campeón olímpico y uno de los boxeadores más veloces y técnicos de su generación
Leonard intentó durante buena parte de la pelea combatir en la corta distancia, justo donde Durán se sentía más cómodo. El panameño lo persiguió, lo presionó y conectó sus golpes con precisión. Finalmente ganó por decisión unánime, con dos tarjetas favorables por un punto y otra por dos
Con ese triunfo se convirtió en campeón mundial welter. La pelea le dejó una bolsa de 1,5 millones de dólares, además de otros ingresos derivados de contratos y participaciones
La revancha se celebró en noviembre de ese mismo año, en Nueva Orleans. Leonard modificó por completo su estrategia: se movió alrededor del ring, entró y salió con velocidad y obligó a Durán a perseguirlo
El panameño se frustró y abandonó el combate en el octavo asalto con un gesto de su mano derecha. El episodio quedó asociado para siempre con la frase “No más”, aunque Durán negó en distintas ocasiones haber pronunciado esas palabras o haber abandonado porque su rival fuera superior
Con los años explicó que había llegado mal preparado físicamente y que atravesaba problemas personales y económicos. Aquella derrota lo afectó durante mucho tiempo. Cuando enfrentó por primera vez a Leonard tenía 71 victorias y una derrota; desde entonces hasta su retiro, su registro fue de 32 triunfos y 15 caídas, con cuatro nocauts
Fortuna, excesos y una vida fuera del ring
Durán llegó a ganar millones, pero también gastó grandes sumas. Debió afrontar deudas, mantener a su familia y sostener a un grupo numeroso de amigos. Estuvo casado con Felicidad Iglesias, con quien tuvo siete hijos
Las fiestas, el alcohol, las mujeres, las joyas y la vida nocturna formaron parte de sus años de mayor prosperidad. En 1984 atravesó una situación económica complicada pese a los ingresos acumulados durante su carrera
El propio Durán negó públicamente haber estado involucrado con las drogas. Sus excesos estuvieron vinculados, según su propia versión, con una vida desordenada y con el gusto por disfrutar del dinero y de la fama
Salsa, restaurantes y un león llamado Wala
El boxeo no era su única pasión. Durán cantaba salsa, tocaba los bongós y llegó a tener una banda. También administró el restaurante La Tasca de Durán, donde en ocasiones cocinaba y cantaba para los clientes
Le gustaba estar rodeado de gente, contar historias, comer y recorrer discotecas. Esa personalidad expansiva también se reflejó en una de sus decisiones más llamativas: tuvo un león como mascota en su casa de Panamá
El animal se llamaba Wala. Durán llegó a posar junto a él en enero de 1979 y, según los relatos de vecinos, incluso lo sacaba a pasear como si fuera un perro. El león murió en 1981, a los cuatro años, por problemas de salud asociados con la obesidad
Hagler, Hearns y el regreso a la cima
En junio de 1983, Durán venció a Davey Moore y conquistó el título mundial superwelter. Ese mismo año enfrentó a Marvin Hagler, otro integrante de los llamados “Four Kings”
Hagler era físicamente más grande y esperaba imponerse con claridad, pero Durán ofreció una actuación sobresaliente. Perdió por puntos, aunque consiguió llevar la pelea hasta el final y demostrar que todavía podía competir con los mejores
En 1984 se midió con Thomas Hearns. El estadounidense lo noqueó en el segundo asalto, en una de las derrotas más duras de su carrera. La imagen de Durán cayendo después del golpe decisivo quedó entre las escenas más recordadas de aquella época
Sin embargo, el panameño volvió a levantarse. En 1989, con 37 años y un récord de 84 victorias y siete derrotas, derrotó a Iran Barkley. Lo derribó en el undécimo asalto y ganó por puntos el título mundial de los medianos. Ese triunfo reforzó su lugar entre los grandes boxeadores de todos los tiempos
El accidente que casi termina en tragedia en Buenos Aires
Argentina ocupó un lugar especial en la trayectoria de Durán. En 1997 enfrentó a Jorge “Locomotora” Castro en Mar del Plata y perdió por puntos. La revancha se disputó en Panamá y terminó con victoria del panameño
El episodio más dramático ocurrió el 3 de octubre de 2001. Durán tenía 50 años y llevaba apenas un día en Buenos Aires. Después de cenar, subió a un Rover junto con su hijo Roberto Durán Iglesias, de 27 años, y otras dos personas
Pasadas las 22, el vehículo circulaba por la avenida 9 de Julio, en la zona de Constitución y a la altura de la avenida Brasil. Según los informes policiales, un Fiat Palio Weekend habría encerrado al Rover. El conductor perdió el control y el automóvil impactó contra el guardarraíl
Durán sufrió fracturas en tres costillas y debió ser sometido a un drenaje para aliviar la presión sobre el pulmón izquierdo. Fue trasladado al Hospital Argerich, donde quedó internado con pronóstico reservado. Su esposa viajó de urgencia desde Panamá
La evolución fue favorable, pero la recuperación resultó más extensa de lo previsto. Durán permaneció 28 días en el hospital y recibió el alta el 31 de octubre de 2001. Incluso durante la internación preguntaba cuándo podría volver a boxear
El accidente aceleró su retiro, concretado en 2002. Años después sostuvo que, de no haber ocurrido el choque, habría continuado peleando
Una vida llevada al cine
Después de dejar definitivamente los rings, Durán siguió ligado al boxeo, la música, la televisión y el espectáculo. En agosto de 2016 se estrenó “Hands of Stone”, una película basada en su vida
Édgar Ramírez interpretó al campeón panameño, Robert De Niro encarnó a Ray Arcel y Usher asumió el papel de Sugar Ray Leonard. La película fue escrita y dirigida por Jonathan Jakubowicz y contó con la participación de Durán como referencia para los realizadores
La historia recorrió su infancia difícil, la llegada al boxeo, el ascenso internacional y sus dos combates contra Leonard. También mostró el carácter impulsivo, orgulloso y provocador del campeón, junto con las marcas que dejó en él una niñez atravesada por el hambre
Roberto Durán llegó a los 75 años convertido en una figura irrepetible. Su legado no se limita a los títulos ni a sus victorias: también vive en sus rivalidades, en sus contradicciones y en una personalidad capaz de transformar cada capítulo de su vida en una historia extraordinaria