Casi cinco millones de personas tienen deudas que no pueden pagar y la morosidad en los créditos a familias sigue en aumento. Hoy supera el 17% del stock total y cerca del 35% de esos préstamos ya está en situación de irrecuperable, con más de 12 meses de atraso, según el Mapa de la Deuda del Centro de Estudios de la Ciudad

El escenario terminó por endurecer el crédito disponible. Las entidades ajustaron requisitos, recortaron límites en tarjetas y empezaron a buscar esquemas más selectivos, con productos diferenciados según el cliente, el monto y el destino del dinero

Garantías para bajar el riesgo

En ese contexto, los préstamos con garantía aparecen como una alternativa para reducir el riesgo y, al mismo tiempo, bajar el costo del financiamiento. La lógica es simple: si existe un respaldo concreto, la tasa puede ser más competitiva y el acceso al crédito se vuelve menos dependiente del historial tradicional

Entre las opciones que ganan espacio figuran garantías más líquidas y dinámicas, como inversiones financieras, criptoactivos y activos tokenizados. La idea es que el respaldo no quede inmovilizado de forma total hasta el último pago, sino que se libere de manera progresiva a medida que baja la deuda

Algunas entidades ya trabajan en esa dirección. En el segmento financiero digital, los préstamos respaldados por dólares se presentan como una forma de abaratar tasas y dar acceso a clientes que no encajan en el molde clásico. En otros casos, la garantía en dólares funciona como base para fijar límites de compra en tarjetas sin exigir historial crediticio previo

También los exchange cripto exploran este terreno con adelantos de dinero contra criptomonedas o stablecoins depositadas, evitando que el usuario deba vender sus activos cuando necesita liquidez

El costo de endeudarse sin respaldo

La expansión de estos productos, sin embargo, también abre una advertencia: el crédito garantizado compromete directamente el patrimonio del hogar. Si el deudor no paga, el activo ofrecido puede ejecutarse para cancelar la obligación. Por eso, el asesoramiento y la evaluación del riesgo resultan claves para ambas partes

La caución, el caso más desarrollado

El ejemplo más consolidado de este tipo de financiamiento es la caución bursátil. Se trata de un préstamo de muy corto plazo, en pesos o en dólares, respaldado por activos financieros como acciones, bonos o cedears. Aunque es habitual entre empresas, también puede ser utilizado por inversores individuales

Su atractivo está en el costo, la flexibilidad y la seguridad. Los plazos pueden ir de 1 a 140 días y, para el prestamista, el riesgo es bajo porque existe una garantía concreta. Para tomar este tipo de financiamiento alcanza con tener una cuenta de inversión y activos dentro de la cartera

El porcentaje que queda afectado como garantía depende del instrumento: cuanto más líquido y menos volátil sea, mayor suele ser el valor que se reconoce como respaldo. Si al vencimiento no se paga, los títulos pueden liquidarse para cubrir la deuda

Quiénes pueden aprovecharlo

Este tipo de financiamiento puede servirles a distintos perfiles. Entre ellos, ahorristas en dólares que necesitan pesos sin desprenderse de sus tenencias; monotributistas y autónomos con capacidad de respaldo pero sin ingresos formales rígidos; personas sin historial crediticio; y clientes que ya tienen parte de su capacidad de endeudamiento comprometida

También puede ofrecer una salida para usuarios con antecedentes negativos en su historial, siempre que cuenten con activos para respaldar la operación. En un mercado con más mora y menos margen para prestar a ciegas, las garantías empiezan a convertirse en una pieza central del nuevo crédito