En los últimos días, el Gobierno activó una serie de decisiones con un mismo objetivo de fondo: evitar que la desaceleración económica se profundice en la antesala electoral. Hubo un nuevo piso salarial para los tramos más bajos de los convenios, una inyección de liquidez del Banco Central para aflojar las tasas, un esquema para impulsar el crédito hipotecario, una flexibilización para los préstamos en dólares a empresas que no exportan y un mayor ritmo en las licitaciones de corredores viales
La novedad no está solo en las medidas, sino en el lenguaje. Luis Caputo empezó a hablar de “reactivar” e “impulsar”, mientras Javier Milei insiste en que no cambiará el rumbo general. Detrás de esa tensión aparece un diagnóstico que ya se asumió puertas adentro: la economía crece más lento de lo previsto y el escenario político obliga a priorizar señales de alivio
Actividad en baja y malestar social
Las proyecciones privadas para 2026 se recortaron desde 3,5% a 2,7% de expansión del PBI, con margen para nuevos ajustes a la baja. El empleo privado registrado sigue en retroceso, el salario real se ubica 8,2% por debajo de 2023 y las ventas de supermercados acumulan una caída de 10% frente a ese año
El golpe más visible se siente en los hogares y en la construcción. Ese sector, que es uno de los que más empleo destruyó, continúa 25% por debajo de su pico de 2023, afectado por el aumento de costos -17% solo en lo que va del año- y por la paralización de la obra pública
En ese contexto, la Secretaría de Trabajo propuso un piso garantizado de $1,07 millones brutos, unos $860.000 netos, para los sueldos más bajos de los convenios colectivos. La idea es que ese refuerzo llegue mediante bonos o sumas fijas no remunerativas, sin alterar el tope de 2% mensual que el Gobierno quiere conservar como referencia para las paritarias homologadas
El Banco Central aflojó la presión sobre tasas y dólar
El giro más claro apareció en la política monetaria. El 19 de agosto, el Banco Central inyectó $1,3 billones en el mercado, la mayor expansión desde enero, para frenar el salto de las tasas, que habían superado el 28% promedio en el mercado interbancario
Después de más de tres semanas defendiendo un techo virtual de $1500, la autoridad monetaria dejó deslizar más el tipo de cambio. El dólar cerró en $1512, con una suba semanal de 1%, mientras las tasas intradiarias volvieron a la zona del 21% nominal anual, lejos del pico de la semana previa
En el año, el tipo de cambio avanzó 3,8% frente a una inflación acumulada de 20%, lo que implica una apreciación real cercana al 10%
La lectura del mercado es que el Gobierno eligió evitar un escenario de tasas demasiado altas en un contexto de morosidad creciente, aun a costa de aceptar algo más de presión cambiaria. Aunque desde el Banco Central se había prometido una política contractiva, la secuencia reciente dejó instalada la idea de un cambio de prioridad
Crédito para vivienda y dólares para producción
Las otras medidas apuntan a sectores con capacidad de arrastre. El Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses pondrá hasta $2 billones, unos US$1300 millones, para fondear a los bancos a mediano plazo. A cambio, las entidades deberán ofrecer hipotecas a una tasa máxima de 7,5% más UVA, por hasta US$200.000 y para primera vivienda. La expectativa oficial es que ese esquema habilite cerca de 17.000 préstamos
En paralelo, se flexibilizaron las reglas para que los bancos otorguen crédito en dólares a compañías que no generan divisas, algo que antes estaba vedado. La apuesta oficial es canalizar parte de los dólares guardados fuera del sistema hacia actividades productivas y con impacto en el empleo
El tramo político también cuenta. La mejora reciente en los indicadores de confianza del Gobierno fue celebrada dentro del oficialismo, que busca mostrar que la estabilización empieza a convivir con algunas señales de recuperación. La incógnita es si eso alcanzará para mejorar el humor social en un país donde hoy pesan más la falta de trabajo y los salarios bajos que la baja de la inflación
Guido Sandleris resumió la disyuntiva con una mirada pragmática: para sostener la actividad y sumar reservas, la economía necesitaría un tipo de cambio algo más alto y menos presión sobre las tasas. El costo, advirtió, es que la desaceleración de la inflación podría frenarse. Ese es, en el fondo, el dilema que empieza a ordenar la agenda económica de cara a los próximos meses