El escenario para los activos argentinos se volvió más desafiante en las últimas semanas. El riesgo país acumula un incremento del 18% en septiembre y se ubica cerca de los 600 puntos, su nivel más elevado desde comienzos de abril
La inflación descendió, el resultado fiscal se mantuvo en terreno positivo y el dólar mostró estabilidad durante buena parte del año. Sin embargo, tres factores comenzaron a combinarse y deterioraron la percepción de los inversores
Un contexto internacional menos favorable
La tensión en Medio Oriente mantiene elevado el precio del petróleo. El Brent continúa cerca de los US$100 por barril luego de que Donald Trump rechazara una propuesta de paz de Irán
El encarecimiento de la energía también presiona sobre la inflación estadounidense, que ronda el 3,5% anual según distintos indicadores. En ese contexto, la Reserva Federal elevó su tasa de interés en 25 puntos básicos, hasta un rango de entre 3,75% y 4%
Fue el primer aumento desde julio de 2023 y el mercado todavía contempla la posibilidad de otra suba antes de que termine el año. A la vez, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a diez años llegó a 5,27%, mientras que el de treinta años alcanzó el 5,5%
Con mayores rendimientos en los activos considerados más seguros, el financiamiento se encarece y los inversores se vuelven más selectivos con los países de mayor riesgo
La fortaleza de la economía estadounidense y las mejoras de productividad asociadas con la inteligencia artificial sostienen a Wall Street, pero también reducen los incentivos de la Fed para flexibilizar su política monetaria
Para la Argentina, el calendario agrega presión: en 2027 deberá refinanciar vencimientos por US$25.000 millones, en un año atravesado por elecciones presidenciales y legislativas
El financiamiento externo quedó prácticamente cerrado
El Gobierno tuvo oportunidades para emitir deuda cuando el riesgo país se ubicaba cerca de los 400 puntos, en enero y junio, pero no concretó colocaciones internacionales
Ahora, con el indicador por encima de los 640 puntos en algunos momentos, el acceso a ese mercado se volvió casi imposible. También se encarecieron las emisiones en dólares dentro del mercado local
El bono AO29 ofrece un rendimiento cercano al 13%, una tasa que el Gobierno no está dispuesto a aceptar. Sin crédito disponible, el Tesoro depende en mayor medida de que el Banco Central compre divisas para afrontar sus compromisos
Pero esas adquisiciones disminuyeron. En agosto promediaron US$39 millones diarios; en septiembre bajaron a US$14 millones y durante la semana pasada fueron de apenas US$6 millones por día, con una jornada sin compras
La interpretación predominante es que el Banco Central intenta evitar una presión adicional sobre el tipo de cambio y proteger el proceso de desinflación, luego de que el índice de precios registrara un avance mensual de 1,7% en agosto
Las reservas y los depósitos del Tesoro también muestran un margen acotado. Al 24 de septiembre, el Gobierno tenía US$2230 millones depositados en el Banco Central, frente a vencimientos de bonos por US$4400 millones previstos para enero
A esa cifra se suman pagos al Fondo Monetario Internacional por unos US$2000 millones hasta fin de año. Si no obtiene financiamiento, el Tesoro deberá recurrir a las reservas, que la semana pasada disminuyeron US$960 millones y quedaron en US$48.845 millones
La actividad pierde impulso y afecta la confianza
El tercer foco de preocupación es la evolución de la economía real. En julio, la actividad cayó 2,9% frente a junio, la mayor baja mensual desde abril de 2018 si se excluye el período de la pandemia
Para evitar dos trimestres consecutivos de contracción, la economía debería crecer alrededor de 3% mensual durante agosto y septiembre. Ese ritmo no se observa en los últimos 20 años
El petróleo, la minería y el agro mantienen una evolución positiva, pero la industria, el comercio y la construcción continúan retrocediendo. Los sectores más dinámicos, además, requieren mucho capital y generan relativamente pocos empleos
La desocupación llegó al 7,9% en el segundo trimestre y la pobreza alcanzó al 32,3% durante el primer semestre. El deterioro social también comienza a reflejarse en los indicadores políticos
El Índice de Confianza en el Gobierno cayó 5,9% en septiembre, hasta 1,94 puntos. Ese registro coincide con el de septiembre de 2025, cuando el oficialismo perdió las elecciones en la provincia de Buenos Aires
Desde diciembre, el indicador acumula una baja de 21,4%. La percepción sobre el interés general fue el componente que más se deterioró durante este mes
El Gobierno enfrenta así un dilema central: cualquier medida destinada a reactivar la economía podría exigir concesiones en alguno de los pilares que considera prioritarios, como el equilibrio fiscal o la reducción de la inflación