Jerry Seuntjens produce soja y maíz en unas 1050 hectáreas en Kingsley, al noroeste de Iowa, donde vive desde que era niño. En una charla sobre innovación agrícola, resumió el dilema de esta campaña con una frase simple: la naturaleza sigue teniendo el control
Este año, su campo sufrió además el golpe de un tornado en mayo, justo cuando la siembra de maíz atravesaba una etapa clave. Según contó, el cultivo logró recuperarse mejor de lo esperado y hoy se lo ve más firme que el maíz convencional
Más tecnología para amortiguar el clima
Seuntjens destacó el desempeño de un sistema de maíz de menor altura, con entrenudos más cortos y un tallo más robusto. Esa arquitectura, explicó, ayuda a evitar vuelcos, mejora la respuesta ante vientos fuertes y también facilita el ingreso al lote para aplicaciones
El productor aseguró que viene trabajando con esa tecnología desde hace cinco años y que esta primavera, marcada por varios contratiempos, mostró una mayor densidad, una emergencia más rápida, más resiliencia y mejor desarrollo radicular
Una campaña bajo presión
En Iowa, las temperaturas sofocantes y la sequía ya impactan sobre los lotes. En el último relevamiento del Pro Farmer, la proyección nacional de maíz se ajustó a la baja por efecto de ese estrés hídrico, mientras el Departamento de Agricultura de Estados Unidos mantiene una estimación previa de 406,75 millones de toneladas
Iowa e Illinois concentran más del 30% del maíz estadounidense, por lo que cualquier cambio en su desempeño mueve las expectativas del mercado. La sequía, además, alcanza al 56,61% del país
Consultado sobre el impacto de esa falta de agua, Seuntjens evitó dar un diagnóstico cerrado. Dijo que los materiales actuales muestran defensas más fuertes y que su apuesta sigue siendo optimizar humedad y fertilización para exprimir cada campaña. El resultado final, admitió, todavía se definirá en unas semanas, cuando entre al campo y vea cuánto rindió realmente el cultivo