Terminada la siembra de fina, el sudeste bonaerense ya mira la campaña gruesa con un escenario favorable: buena disponibilidad hídrica, pronóstico de lluvias y márgenes que, en algunos planteos, superan el 15% y se acercan al 20%

Con precios de referencia de US$400 para el girasol y US$195 para el maíz, ambos cultivos aparecen mejor posicionados que la soja de primera. En esa elección pesan la rentabilidad, el ciclo del girasol y su valor como antecesor de la fina

La enfermedad que más condiciona el cultivo

El principal riesgo sanitario del girasol es el cancro del tallo causado por Diaporthe/Phomopsis helianthi, un hongo que persiste en el rastrojo y se dispersa por el viento. Su incidencia sube en años húmedos, por lo que la rotación, la genética, el monitoreo y el manejo del lote son decisivos

Ajustes finos para no perder rendimiento

La densidad debe cuidarse con precisión: demasiadas plantas favorecen un microclima más propicio para la enfermedad y un exceso de nitrógeno aumenta el canopeo. Pero sembrar menos no alcanza por sí solo; también hay que controlar plagas de suelo, arrancar con malezas bajo control y asegurar una implantación pareja

La temperatura del suelo también pesa. Si la siembra se adelanta demasiado y el suelo está por debajo de 8 a 10 grados, la emergencia puede ser lenta y desuniforme. En suelos someros, el objetivo es esquivar enero con siembras hacia fines de noviembre; en los de mayor potencial, conviene apuntar a mediados de octubre para capturar mejor el rendimiento

La mejora genética avanza con materiales más resistentes a phomopsis y con información técnica cada vez más fina para definir estrategias en una región donde el girasol sigue siendo una pieza clave