La intervención humana en las obras creativas empieza a convertirse en un atributo que puede certificarse. En un contexto de expansión de la inteligencia artificial generativa, distintas iniciativas buscan ofrecer al público una garantía sobre quién realizó una producción
El 23 de abril de 2026 se presentó en Pech Merle, Francia, The Human Made Mark, un sello destinado a la industria audiovisual. El lugar elegido tiene un fuerte valor simbólico: allí se conservan pinturas rupestres de unos 29.000 años, consideradas entre las manifestaciones humanas más antiguas conocidas
La certificación permite a estudios y realizadores demostrar que una obra fue desarrollada por personas, tanto delante como detrás de cámara. Para solicitarla deben presentar planillas de rodaje, fotografías del backstage, el listado de créditos, un enlace privado para la revisión del equipo certificador y una declaración legal firmada
La iniciativa cuenta con el respaldo de profesionales reconocidos de Hollywood, entre ellos la diseñadora de producción Tamara Deverell, el director de fotografía Dan Laustsen y las diseñadoras de vestuario Ruth E. Carter y Deborah L. Scott. Uno de sus cofundadores, Eric Gruber, comparó el sello con una estrella Michelin aplicada al trabajo humano
El precio depende del tipo de proyecto. Para marcas y publicidad, la tarifa equivale al 0,25% del presupuesto total de producción del comercial. En cine y televisión, los valores se ajustan a la escala de cada obra
Una respuesta a la desconfianza del público
La aparición de estos sellos responde también a un cambio en la percepción de la audiencia. Un informe de Alvarez & Marsal señaló que casi la mitad de los espectadores no pagaría el precio completo de una entrada o tendría menos entusiasmo por una producción generada íntegramente con IA
Otros estudios encontraron resultados similares. Una investigación publicada en Frontiers in Psychology mostró que la etiqueta “generado por IA” redujo el interés de usuarios de videos cortos. En el ámbito artístico, un trabajo de Columbia Business School concluyó que los participantes valoraron un 62% menos una obra identificada como creada con IA que otra atribuida a personas
Algunas productoras ya utilizaban el rodaje en celuloide y los efectos prácticos como elementos diferenciales. La tendencia se fortaleció después de las huelgas de guionistas y actores de 2023, que incorporaron cláusulas específicas sobre el uso de inteligencia artificial en los contratos gremiales
Certificaciones para libros, diseños y obras audiovisuales
El fenómeno excede al cine. By Humans, fundada en Barcelona, se presenta como la primera entidad certificadora registrada en la Unión Europea. Su método consiste en auditar cada obra, entrevistar a sus creadores y revisar las técnicas utilizadas. Como control adicional, también emplea herramientas de detección de IA
La entidad trabaja con textos, traducciones, producciones audiovisuales, ilustraciones y diseños arquitectónicos. Para postularse, los creadores deben demostrar que no utilizaron IA durante los seis meses previos. Además, aceptan un reglamento que contempla multas de hasta 100.000 euros si recurren a estas herramientas después de obtener la certificación
En el sector editorial, el Authors Guild lanzó Human Authored. La certificación cuesta 10 dólares para quienes no son socios y es gratuita para los miembros; las editoriales también pueden adquirirla en lote. Según su directora ejecutiva, Mary Rasenberger, más de 3000 autores certificaron 5000 títulos
El sistema permite usar IA para investigar o corregir ortografía y gramática, pero exige que el texto haya sido escrito por una persona. En el Reino Unido, Books By People ofrece otro sello, denominado “Literatura Orgánica”, mediante una cuota anual que depende de la cantidad de títulos publicados
La música incorpora etiquetas y filtros
Las plataformas musicales también comenzaron a diferenciar el contenido humano del generado artificialmente. Spotify creó la insignia “Verified by Spotify”, destinada a artistas que cumplen sus reglas, mantienen una actividad consistente de oyentes y pueden demostrar una presencia real dentro y fuera de la plataforma
En septiembre, la compañía sumó la etiqueta “AI Persona” para perfiles cuya identidad parece generada por IA, ya sea por declaración del artista o luego de una revisión interna. La empresa sostuvo que los oyentes no quieren descubrir que un aparentemente humano es artificial
Deezer etiqueta las canciones generadas con IA y las excluye de sus recomendaciones algorítmicas y listas editoriales. La plataforma informó que en abril recibía casi 75.000 canciones de ese tipo por día, equivalentes al 44% de las cargas diarias. En julio, la cifra llegó a unas 90.000
A pesar del volumen, esas canciones concentraban entre el 1% y el 3% de las reproducciones. Deezer consideró fraudulento el 85% de ese consumo porque una parte importante se generaba mediante bots para obtener regalías. Además, una encuesta realizada en ocho países indicó que el 80% de los consultados quería que la música completamente artificial estuviera claramente identificada
La autenticidad como nuevo argumento de marca
La búsqueda de una identidad humana también aparece en la opinión pública. Una encuesta internacional realizada a más de 40.000 personas de 37 países mostró que, en promedio, el 37% se siente más preocupado que entusiasmado por la inteligencia artificial. En 34 países, la mayoría consideró que la tecnología reducirá el empleo
En Estados Unidos, la preocupación alcanzó el 52%, frente al 37% registrado en 2021. En Brasil llegó también al 52%, mientras que en Argentina fue del 36%. En este último caso, el 43% manifestó sentir preocupación y entusiasmo en igual medida
Las marcas comenzaron a convertir esa inquietud en una propuesta comercial. Polaroid y Heineken difundieron campañas “hechas por humanos”, mientras que McDonald’s Países Bajos retiró un aviso navideño creado con IA después de que las redes lo calificaran como “AI slop”, una expresión que puede traducirse como “chatarra de IA”
Más que un rechazo generalizado a la tecnología, el fenómeno refleja una demanda creciente de transparencia. La participación humana, antes dada por sentada, empieza a transformarse en un atributo que las empresas pueden exhibir, verificar y vender