MAR DEL PLATA.- La economía argentina dejó atrás la recesión inicial, pero su recuperación comenzó a avanzar con menor intensidad. Mientras algunos sectores producen 18% más que en 2023, otros todavía se encuentran 8% por debajo de ese nivel

El diagnóstico fue presentado por Matías Surt, socio-director de Invecq y profesor de Macroeconomía de la UBA, durante una exposición ante empresarios. Según explicó, la actividad no está en caída, aunque enfrenta dificultades para recuperar el ritmo de crecimiento. También anticipó que el tercer trimestre probablemente haya sido débil

La desinflación entra en su tramo más exigente

Surt comparó el proceso argentino con las estabilizaciones de Chile, Israel, México, Perú, Uruguay y Brasil. La conclusión central fue que reducir la inflación de manera sostenida requiere tiempo y paciencia

El estudio consideró estabilizado a un país cuando logra una inflación anual inferior al 10%. Chile tardó 20 años y medio en alcanzar esa meta; México e Israel, 13 años; Uruguay, ocho años y medio; y Perú, seis años y medio. Brasil lo consiguió inicialmente en tres años, aunque luego registró un rebrote hasta cerca del 15%

La Argentina pasó de una inflación superior al 200% anual a un máximo cercano al 290% durante los primeros meses del programa, para luego descender al 33,5%. Sin embargo, la velocidad de la baja se redujo aproximadamente durante el último año

Para Surt, esa desaceleración no implica necesariamente una falla del programa, sino que puede reflejar expectativas demasiado optimistas sobre la rapidez del proceso. Si se cumplen las proyecciones presupuestarias, la inflación llegaría al 10% en 2028 y se ubicaría por debajo de ese nivel en 2029

En ese escenario, la estabilización habría demandado entre cinco años y medio y seis años, un plazo relativamente breve frente a otras experiencias internacionales

Una recuperación con fuertes diferencias sectoriales

El promedio nacional oculta una evolución desigual. La brecha entre los sectores que crecieron 18% desde 2023 y aquellos que aún retroceden 8% alcanza los 26 puntos porcentuales

El mercado laboral también refleja los costos de la transición. La tasa de desempleo pasó de aproximadamente 6,1% a fines de 2023 a 7,4%. En paralelo, la informalidad entre los asalariados aumentó de 36% a 37%. Si se suman independientes y trabajadores por cuenta propia, pasó de 41% a 43%

La comparación con otros procesos de estabilización muestra que la desocupación promedio de los seis países analizados subió de 6,5% antes de los programas a 9,1% durante su implementación. Luego descendió a 6,4% y actualmente se ubica en 5,5%

En esas experiencias, el producto bruto interno cayó en promedio 1,5% al comienzo. Durante los 15 años posteriores a la estabilización, en cambio, el producto por habitante creció a una tasa anual promedio de 2,8%. La conclusión de Surt fue que los costos iniciales pueden ser transitorios, mientras que los beneficios del proceso pueden extenderse durante más tiempo

Disciplina fiscal y reformas pendientes

Los seis países comparados compartieron algunos elementos: disciplina fiscal, corrección de desequilibrios externos, acumulación de reservas, apoyo internacional, apertura comercial y cierto consenso político. No aplicaron, sin embargo, un único régimen cambiario. Israel, por ejemplo, utilizó tipos de cambio fijos, bandas cambiarias y sistemas de flotación administrada en distintas etapas

La coincidencia fue más marcada en el frente fiscal. Dos años antes de sus estabilizaciones, los países registraban déficits promedio cercanos a 10 puntos del PBI. Al iniciar los programas habían alcanzado prácticamente el equilibrio y no regresaron a los desequilibrios previos. Sus reservas internacionales, además, terminaron multiplicándose por más de cuatro

En el caso argentino, el déficit primario pasó de 2,7% del PBI y el financiero de 4,3% a una proyección para 2026 de superávit primario de 1,3% y equilibrio financiero. Surt consideró ese resultado uno de los principales avances recientes, aunque advirtió que todavía falta convertirlo en una política institucional estable

En ese sentido, planteó la necesidad de establecer reglas fiscales que dificulten que futuros gobiernos reviertan el equilibrio alcanzado. También ubicó entre las reformas más complejas la discusión del sistema previsional, cuyo desequilibrio ronda 1,5 puntos del PBI

El debate, según explicó, no debería limitarse a la fórmula de movilidad y los bonos. Debería incluir la edad jubilatoria, la relación entre trabajadores activos y pasivos, las condiciones de acceso, los regímenes especiales, el haber mínimo, la tasa de sustitución y las contribuciones

El crédito caro y la confianza en el peso

Otro de los obstáculos señalados fue el costo del financiamiento. Las tasas reales superan actualmente el 30% en los préstamos personales y se ubican alrededor del 50% en las tarjetas de crédito. Esos niveles afectan directamente al consumo en un momento en que la actividad perdió impulso

Surt también sostuvo que la demanda de pesos y la credibilidad de la moneda todavía no están completamente consolidadas. Aunque la demanda de dólares no alcanza los máximos registrados durante los períodos electorales del año pasado, continúa en niveles elevados

La estabilización, concluyó, muestra avances importantes, pero aún enfrenta el desafío de recuperar la confianza en la moneda, sostener el equilibrio fiscal y lograr que la recuperación alcance de manera más homogénea a los distintos sectores de la economía