Bajar de peso puede traer beneficios conocidos para la salud, como una mayor movilidad, menos presión sobre las articulaciones y mejores niveles de azúcar en sangre y colesterol. También suele asociarse con más energía y un mejor descanso
Sin embargo, esos efectos no agotan el impacto de adelgazar. Durante años, distintas investigaciones señalaron que las personas con sobrepeso, especialmente las mujeres, tienden a completar menos años de educación formal y enfrentan menores probabilidades de casarse o conseguir empleo
Más empleo entre las mujeres que adelgazaron
El uso extendido de medicamentos GLP-1 abrió una oportunidad para analizar cuánto puede modificarse esa desventaja. En Estados Unidos, cerca del 22% de las mujeres y del 14% de los hombres recurrieron a estos fármacos para perder peso o tratar enfermedades crónicas, como la diabetes
La economista Rebecca Diamond, de la Universidad de Harvard, comparó durante 18 meses a mujeres que comenzaron a utilizar GLP-1 con otras de características similares que también querían acceder al tratamiento, pero todavía no lo habían hecho. El análisis utilizó información de una encuesta de largo plazo con 15.000 participantes
La cantidad de hombres que tomaban estos medicamentos no fue suficiente para realizar una evaluación equivalente
Las participantes fueron emparejadas según factores como el índice de masa corporal, la raza, los ingresos y la percepción sobre su propio estado de salud
Entre las mujeres que estaban desempleadas al comienzo, la proporción con trabajo aumentó 27 puntos porcentuales entre quienes tomaban GLP-1. La diferencia supera la brecha de empleo observada entre mujeres con diploma de escuela secundaria y aquellas con título universitario
Un cambio también en las relaciones de pareja
El efecto apareció además en la vida afectiva. Entre las mujeres solteras que bajaron de peso, las probabilidades de casarse o mudarse con una pareja crecieron 29 puntos porcentuales frente a quienes no habían adelgazado
La mejora de la salud pudo haber influido, pero no parece explicar por sí sola esos resultados. Entre las personas desempleadas, la proporción que dijo tener una enfermedad que limitaba el trabajo posible cayó 14 puntos porcentuales, una variación menor que la registrada en el empleo
Además, la mayoría de las mujeres pasó directamente del desempleo a un puesto laboral, en lugar de salir de una situación de discapacidad o jubilación. Tampoco se observaron cambios importantes en la satisfacción con la vida, la soledad o la depresión que ellas mismas informaron después de perder peso
El peso de los prejuicios
Para Diamond, la explicación principal estaría vinculada con un prejuicio persistente contra las mujeres con sobrepeso. La pérdida de peso no produjo mejoras en las carreras de quienes ya tenían empleo: no aumentaron sus ascensos ni sus salarios
El obstáculo parecía concentrarse en el acceso inicial al trabajo. Un patrón similar se observó en las relaciones: adelgazar no modificó los vínculos existentes, pero sí aumentó las posibilidades de iniciar una relación formal
La presión social relacionada con el peso aparece desde edades muy tempranas. Incluso niñas de apenas tres años expresan preocupación por su cuerpo
Así, los medicamentos GLP-1 no solo pueden mejorar determinados indicadores de salud. Para algunas mujeres, también parecen ofrecer una vía de salida frente a la discriminación asociada con el sobrepeso