Brad Pitt volvió sobre uno de los rodajes más duros de su carrera: Troya. Más allá de su descontento con el resultado final, el actor aseguró que la preparación para interpretar a Aquiles implicó una transformación total de sus hábitos y dejó huellas en su vida personal y profesional

Para el papel, abandonó el cigarrillo, siguió una dieta estricta y sostuvo una rutina de entrenamiento durante meses. El propio Pitt describió ese proceso como agotador y reconoció que, al terminar, estaba saturado de la exigencia física que había sostenido durante todo el proyecto

Su preparación estuvo a cargo de Duffy Gaver, ex Navy Seal y fisioterapeuta, con quien trabajó una rutina enfocada en fortalecer la espalda, los hombros y los brazos. La meta era construir un físico convincente para el héroe griego sin perder proporcionalidad en pantalla

El desgaste no se limitó al entrenamiento. Pitt también dejó entrever que el rodaje lo incomodó desde el inicio, porque sintió que la película avanzaba hacia un tono más comercial del que él esperaba. Esa distancia con el proyecto lo llevó a replantear qué tipo de historias quería hacer después

La decisión tuvo consecuencias concretas: el filme lo obligó a dejar pasar la posibilidad de trabajar con los hermanos Coen en To the White Sea, una adaptación que finalmente no llegó a realizarse por cuestiones de presupuesto. Aun así, Pitt consideró que ese momento marcó un quiebre y lo empujó a priorizar proyectos con mayor calidad narrativa