Una de las imágenes más recurrentes de la carrera de Annette Bening ha sido ese gesto tierno y enigmático que asoma en el poster de Bugsy (1991). Quien la acompaña no es otro que Warren Beatty, su entonces futuro marido y la encarnación entonces del mafioso Bugsy Siegel, hombre de sueños y tragedias
Sin embargo, aquella película no era la primera aparición en el cine para la actriz -había debutado con 30 años en Dos locos de vacaciones (1988) junto a la popular dupla de Dan Aykroyd y John Candy-, pero sí la que cambió su vida y su carrera. Con Beatty se conocieron en el rodaje de Bugsy al poco tiempo eran “la pareja de Hollywood”
Un romance fulgurante, un matrimonio que resistió las luces de la industria y los chismes de la prensa rosa, una familia que se convirtió en un remanso fuera de los sets de filmación. Beatty era entonces una estrella consagrada, era director y protagonista de varios éxitos, y ella una actriz en pleno ascenso, con todos los contraluces de una promesa
“¿Estaré a la altura de las expectativas?”, podría haberse preguntado. Él dejaba sus años de soltero codiciado y amante empedernido; ella expandía el arquetipo de la femme fatal que la explosiva novia de Bugsy representaba
El crimen en escena los había reunido; el amor les regalaba un sueño compartido. El estreno de la miniserie Lucky en Apple TV revela el reencuentro de Bening con aquellos primeros pasos en el mundo de la mafia y los gángsters
Su Priscilla Masterson es la villana de esta historia, inspirada en la exitosa novela de Marissa Stapley, combina el pulso de la serie negra y el desencanto del mundo contemporáneo. Luciana ‘Lucky’ Amstromg es Anya Taylor-Joy, hija de un astuto estafador recluido en prisión, que ha escapado con su marido y un suculento botín hacia Las Vegas, aquella tierra soñada por el rocambolesco Siegel
Pero para Lucky el sueño de gloria se desvanece rápidamente y lo que queda es la eterna escapatoria de quienes reclaman el dinero robado: la incansable Billie Rand (Aunjanue Ellis-Taylor), agente del FBI a cargo de la pesquisa oficial; y su vengativa suegra, la pérfida Priscilla. Con sus aires de dominio y reinado, siempre impecable y diligente en la persecución de su presa, Priscilla persigue no solo el paradero de su hijo y el botín con el que parece haber escapado, sino el castigo para esa nuera que parece haberla confinado primero a prisión, y luego a las humillaciones de un poderoso narcotraficante
Como la Virginia Hill de Bugsy, Priscilla también fue amante de gángsters en su juventud, y el precio por aquellas aventuras la ha convertido en esa mujer cruel y decidida que ahora persigue la vindicación. Basta verla tomar unos dólares de su cartera para conseguir los datos del automóvil que manejaba su hijo cuando desapareció con el dinero robado, o amenazar a punta de pistola y con el impecable rouge en sus labios a un soplón escondido en un motel, o finalmente dar el ultimátum a una escurridiza Lucky, maniatada e iracunda, mientras la encierra en un baúl
“Desde que leí el guion, intuí que Lucky iba a tener un estilo vibrante y elegante”, explicaba en una reciente entrevista con la revista People. “Cuando te imaginás en una historia, siempre te preguntás: ¿Qué me rodea?
¿Cómo se va a desarrollar la trama en torno a los personajes? Sabía que Anya Taylor-Joy era increíble
¡Qué presencia en pantalla! Y todo eso finalmente me convenció”
La estrategia del creador Jonathan Tropper fue pensar la historia a partir de los personajes: las cuentas pendientes entre Lucky y John Amstrong (Timothy Olyphant), ese padre estafador que le enseñó su “oficio”; el encono entre Priscilla y ese criminal que también fue su amante y la engañó; y la relación que une a Lucky y a Priscilla a partir de los dos hombres de su vida -padre y marido de la primera, amante e hijo de la segunda-, artífices de una trampa esquiva y silenciosa que ambas necesitan desentrañar. En ese juego de dualidades, otra mujer fuerte y de armas tomar apareció en el presente de Annette Bening
Es Beulah Jackson, poderosa hacendada de una estancia ostentosa y extravagante en las tierras de Montana, en el reciente spin-off de la saga Yellowstone de Taylor Sheridan. Ambientada en un presente en crisis alrededor de los contratiempos económicos de la familia Dutton comandada por Beth Dutton (Kelly Reilly), la figura de Bening recuerda a las grandes matriarcas de los westerns televisivos de los 80, desde Barbara Stanwyck en Valle de pasiones hasta la pérfida Joan Collins en Dinastía, en una clave más frívola y citadina
Tanto Priscilla como Beulah son mujeres de negocios, ambiciosas y expeditivas, que tienen en claro lo que hay que hacer para salir adelante en un mundo de hombres, ya sean de la mafia o los negocios ganaderos. “En mi imaginación, son mujeres muy diferentes”, detallaba la actriz en una entrevista con Decider
“Primero interpreté a Priscilla, cuando todavía no sabía que iba a interpretar a Beulah. Así que con Priscilla descubrí que hay algo liberador en interpretar a una sociópata”, agregaba entre risas
“Sí, es cierto que Priscilla tiene principios morales, y que sufre cuando suceden cosas malas. Pero creo que genera cierta fascinación interpretar a alguien que actúa según sus peores instintos”
Paradójicamente, en ambas historias Bening encuentra en otra mujer a su antagonista, a diferencia de lo que ocurría en las historias de gángsters del pasado donde eran los hombres los que llevaban la acción y decidían los destinos del crimen organizado. De hecho, en Bugsy, Virginia Hill terminó corroída por la misma traición que empujó a Bugsy Siegel a su muerte a manos de aquellos que querían quedarse con el negocio del juego en Las Vegas
Sin embargo, hubo otra femme fatale en su carrera que forjó su propio destino en contraposición a otra mujer. Apenas un año antes de Bugsy, Annette Bening apareció en Ambiciones prohibidas (1990), un neo noir inspirado en la pluma sagaz de Jim Thompson
En aquella historia ella era una astuta estafadora envuelta en la tóxica dinámica delictiva que compartían madre e hijo, interpretados por Angelica Huston y un joven John Cusack. El éxito de esa primera película del británico Stephen Frears en Estados Unidos le permitió a la actriz medir los contornos de un género que adquiría en esos años sus vertientes crepusculares, y combinaba la ironía de la escritura de Thompson con las ocurrencias visuales de Frears
La dinámica con Huston, entonces como suegra y nuera, se invierte ahora en Lucky en la que ella encarna a la madre vengativa, y el dinero consagra ese duelo voraz y desmedido. “Anya [Taylor-Joy] tiene claridad y una perspectiva muy firme respecto de su interpretación, y eso me gusta
Y el guion es bueno, así que yo también asumí ese enfrentamiento como el principal condimento de la acción”, concluye. Este regreso de Annette Bening a las fuentes de su primera consagración ponen en perspectiva una carrera de casi cuarenta años en la que muchos otros personajes habitaron
Es cierto, sus primeras mujeres fatales, con ojos delineados y cabellos esculpidos en furia y ambición, le dieron la energía del ascenso y las mieles de la temprana celebración, pero después del vértigo de Bugsy llegaron nuevas conquistas. El reencuentro con Warren Beatty en una nueva versión de Algo para recordar estrenada en 1994 bajo el título de Secretos del corazón; una nueva incursión en la comedia romántica con Mi querido presidente (1995), magistral ejemplo de un género que conseguía sus últimos estertores del siglo XX de la mano de un experto como el fallecido Rob Reiner; y luego el triunfo en los Oscars con Belleza americana (1999), aquella sensación del cine de prestigio, artífice de una exégesis cínica y divertida sobre el ‘american way of life’ y su oscura hipocresía
Por entonces ya tenía un nombre propio más allá de la sombra de Beatty que parecía haberla condicionado al inicio, y sus personajes salía de los arquetipos convencionales para tornase reales e inolvidables. Y entonces llegaron sus incursiones en los vericuetos de la familia, a la que puso en tela de juicio con cada nuevo personaje: en Pacto de justicia (2003), esa reinvención del western clásico que ensayó Kevin Costner en sintonía con su vocación como director, le dio cuerpo a una mujer noble e independiente que ofrecía al héroe un camino de felicidad doméstica y redención moral; en Conociendo a Julia (2004), del húngaro István Szabó, el amor y la pareja se agrietaban bajo el fuego de la venganza; en Madre e hijo (2009), dio vida a una mujer que explora la maternidad en el tríptico dirigido por Rodrigo García, el hijo de Gabriel García Márquez; en Mi familia (2011) de Lisa Cholodenko encarnó los dilemas del amor, el sexo y la maternidad de una pareja de lesbianas con hijos adolescentes que parten a estudiar en la universidad dejando el nido vacío
“Es una dinámica que me resulta familiar: interpretar a las madres de la gente”, bromeaba en una entrevista con The Guardian a propósito del estreno de una nueva interpretación maternal en 20th Century Women (2016), por la que recibió muchos elogios. Por entonces ella misma había sido madre ya cuatro veces, y la maternidad era un eje de su vida, pero también una pieza recurrente en su profesión
Para las mujeres que ya han pasado la madurez, el tópico de la maternidad se vuelve recurrente, hasta el punto de convertirse en un clisé no demasiado venerado. “En el trabajo, las mujeres del mundo del espectáculo tenemos que lidiar con que nos hablen de nuestros hijos
Los hombres, por lo general, no”, se quejaba entonces, al mismo tiempo que afirmaba no haber sacrificado su profesión por el matrimonio con Beatty ni por sus hijos. Pero con el correr de los años Bening se forjó una autonomía que no imaginaba en su infancia en Kansas, en aquella crianza al calor de una familia unida y algo conservadora que, pese a sus reparos religiosos respecto a la frivolidad del arte, siempre la estimuló
De hecho, su madre -hoy de 97 años -vive con ella y con Beatty y, al terminar cada jornada, haya o no rodaje, comparten un Martini. “Perdí a mi padre hace unos años; estuvieron casados 73 años, ¡es increíble!“, contó la actriz en People
“Mi madre es una mujer extraordinaria. Vive en pijama en mi casa, hace crucigramas y lee como una loca
A menudo lee mis guiones”. Los guiones han sido un tema de discusión en algunas de sus últimas entrevistas
Sobre todo en relación a qué tipo de personajes asoman en su escritorio ahora que ya ha cumplido los 68 años. Luego de incursionar en el cine de superhéroes con su versión de la Doctora Wendy Lawson en Capitana Marvel (2019), y ser parte de la intriga de Muerte en el Nilo (2022), una de las versiones de Kenneth Branagh sobre los misterios de Agatha Christie, Bening volvió a adquirir protagonismo con Nyad (2023), la biopic de la atleta Diana Nyad que a los 60 años encara el reto de nadar en mar abierto entre Cuba y la península de Florida
En compañía de Jodie Foster como Bonnie Stoll, amiga y coequiper de Nyad, ambas actrices desafiaron las convenciones que suelen poner a mujeres jóvenes en roles de riesgo y destreza. “Creo que mucha gente quiere seguir enfrentándose a retos a medida que envejece, no solo en el trabajo, sino en la vida, en las relaciones y en su día a día”, declaraba Bening en su momento
”No hace falta nadar una maratón para sentir la necesidad de superarse. Uno quiere hacer algo nuevo, quiere cambiar y crecer
Y eso es cierto para muchas de las mujeres que conozco”. Su papel en Nyad le valió la cuarta nominación al Oscar (luego de haberlo conseguido con Ambiciones prohibidas, Conociendo a Julia y Mi familia) y un resurgimiento en el territorio del streaming que, en esta instancia de su carrera, le ofreció nuevas oportunidades de asumir riesgos
Algo del mundo del deporte reapareció en la miniserie de Apple TV, Apples Never Fall (2024), en la que interpreta a una exentrenadora de tenis que tras vender su exitosa academia desaparece sin dejar rastros. Basada en la novela de Lianne Moriarty, autora de Big Little Lies, la historia combina la intriga, el melodrama familiar, y la disección de la sociedad americana que la autora ya había explorado en sus anteriores libros y que a Bening le permitió evocar sus mejores creaciones
Convertida en una presencia esquiva y ominosa en la serie, su figura dejó la estela para las recientes apariciones en 2026. Tanto Lucky como Dutton Ranch la ponen en contacto con aquellos inicios de su carrera, signados por el artificio del crimen y la maestría de su representación
Villanas con garbo y elegancia, mujeres de ambición y riesgo, encarnaciones de un impulso que Annette Bening ha convertido en la llave de su reaparición