Durante las décadas de 1970 y 1980, Gachi Ferrari fue una presencia habitual en la televisión argentina. Su imagen quedó asociada especialmente a El libro gordo de Petete, el programa infantil en el que acompañaba a un pequeño pingüino mientras acercaba contenidos educativos a varias generaciones
Sin embargo, su carrera comenzó antes de alcanzar la popularidad. Cuando todavía era adolescente, trabajó como promotora en una agencia. Allí fue descubierta por un fotógrafo y luego incorporada a producciones publicitarias y de moda de la revista Para Ti, donde llegó a protagonizar tapas y notas vinculadas con belleza y tendencias
Una figura habitual de la televisión y el cine
Su desempeño en producciones fotográficas le abrió las puertas de los proyectos de Manuel García Ferré. Así llegó a conducir El libro gordo de Petete, un microprograma que resumía conocimientos de una enciclopedia en intervenciones breves y destinadas al público infantil
Ferrari también participó en la radio. Integró Arriba chicos junto a Berugo Carámbula y formó parte de ciclos como Jardincito, Supershow Infantil y Telejuegos. Además, tuvo apariciones en programas de humor y actualidad, entre ellos La noticia rebelde
Su popularidad la llevó asimismo a la actuación. Debutó en telenovelas con Pobre diabla, en 1973, y luego trabajó en Mi cuñado. En cine participó de Una mujer, junto a Federico Luppi y Cipe Lincovsky, y de títulos como Los superagentes biónicos y Cantaniño cuenta un cuento
El encuentro que modificó su rumbo
En 1985 conoció a Lando Simonetti, un empresario italiano vinculado con la industria textil. El encuentro derivó en un proyecto común y, un año después, ambos fundaron La Martina
La firma comenzó a expandirse en el mercado de la moda y alcanzó proyección internacional. Con el tiempo, se convirtió en proveedora oficial de la Asociación Argentina de Polo y de la Federación Internacional de Polo
El crecimiento del emprendimiento exigía cada vez más dedicación. Ferrari, que por entonces grababa de manera simultánea en tres programas de televisión, pidió un año sabático para concentrarse en la empresa. Ese descanso terminó convirtiéndose en un alejamiento de los medios que ya lleva cuatro décadas
La adaptación a una vida lejos de las cámaras
La decisión implicó un cambio emocional importante. Después de años de ser reconocida en la calle, Ferrari atravesó un período de extrañeza al pasar inadvertida. Según recordó, al principio sintió un vacío por la pérdida de aquella identificación cotidiana, aunque con el tiempo logró acostumbrarse a su nueva realidad
Hoy define a La Martina como una parte central de su vida. La empresa representa tanto su desarrollo profesional junto a Simonetti como el sostén de su familia, con la participación de sus hijos y la mirada puesta en las próximas generaciones
Aunque ya no ocupa el centro de la escena televisiva, su legado permanece. En encuentros casuales, algunas personas todavía la identifican como la figura que acompañó su infancia. Incluso una cajera de supermercado le recordó recientemente el lugar que ocupó en la memoria de quienes crecieron viéndola
Una mirada diferente sobre su pasado
Con la distancia que dan los años, Ferrari también modificó su valoración sobre El libro gordo de Petete. En sus comienzos lo consideraba principalmente un trabajo, pero con el tiempo empezó a reconocer la calidad y el cuidado de aquella producción
Al analizar su recorrido, sostiene que la perseverancia es decisiva tanto en la televisión como en los negocios. Para ella, los resultados suelen llegar después de varios tropiezos y requieren insistir aun cuando el camino se vuelve difícil
Su historia combina fama, retiro y reinvención. La mujer que durante años acompañó a los chicos desde la pantalla encontró luego en la industria textil un nuevo espacio para construir una trayectoria y una empresa con alcance global