Impacto mortal arranca como mandan las reglas del género: aeropuerto, personajes apenas delineados y una calma aparente que promete tormenta. Ben, primer oficial interpretado por Aaron Eckhart, cruza unas palabras con una nena que teme volar por primera vez y, con una broma desafortunada, deja claro que el viaje no tendrá nada de tranquilo
Una vez en el aire, la película entra de lleno en el desastre. Un incendio en la bodega, controles que fallan, turbinas que estallan y un avión que empieza a desarmarse obligan a buscar una salida extrema: un aterrizaje en el mar, con el agravante de que allí esperan los tiburones
Renny Harlin resuelve esa escalada con oficio y buen pulso para la acción. La puesta en escena acelera sin perder claridad y convierte el encierro en una experiencia de tensión continua, con escenas físicas, golpes de efecto y una mirada que no esquiva lo desagradable
El accidente, además, empuja la película hacia un escenario todavía más hostil: el avión cae sobre un arrecife de coral y queda destruido en varios sectores, mientras los sobrevivientes se reducen drásticamente. Desde ahí, cada movimiento parece sumar un nuevo peligro
La película funciona mejor cuando abraza su condición de homenaje al cine catástrofe clásico. Sus personajes responden a arquetipos muy reconocibles: la anciana bondadosa, los chicos angustiados, el egoísta inevitable, los enamorados, el héroe sacrificial. Esa previsibilidad le resta complejidad, pero también refuerza su filiación con un modelo narrativo ya conocido
Harlin, más interesado en la eficacia artesanal que en la sofisticación, introduce además algunos toques de humor negro que alivian y a la vez afilan la violencia del relato. El resultado es un espectáculo de género sin grandes sorpresas, pero con solidez, perversidad medida y una clara vocación por entretener